viernes, 26 de junio de 2026

Campus Ágora MetaRed, la nueva plataforma colaborativa de formación online para universidades iberoamericanas, 2026/06/26



Campus Ágora ya es una realidad. Tras su constitución oficial el pasado 2 de junio, la nueva plataforma colaborativa de formación online inicia su andadura e invita a nuevas Instituciones de Educación Superior Iberoamericanas a sumarse al proyecto.

Impulsada por un grupo de universidades, Campus Ágora es una iniciativa abierta a toda Iberoamérica que busca crear el mayor Portal de Educación Abierta en español y portugués, basado en la colaboración entre instituciones.

Se trata de una plataforma diseñada por y para universidades, donde cada institución mantiene la propiedad de sus contenidos, su marca e identidad, a la vez que amplifica su alcance internacional.

¿Qué ofrece Campus Ágora a las universidades?
 • Visibilidad internacional en el espacio iberoamericano
 • Impacto social mediante formación abierta y accesible
 • Colaboración con universidades de prestigio
 • Propiedad y autonomía total sobre los contenidos 
 
Cómo adherirse
 
El proceso es sencillo y acompañado en todo momento: manifestación de interés, firma del acuerdo, acompañamiento y publicación de cursos.
 
 
 
 

Si tu universidad quiere unirse al proyecto:
Más información: https://www.metared.org/global/campus-agora.html
Plataforma: https://campusagora.metared.org/
 
  
 
Campus Ágora

Aprende habilidades para tu carrera profesional o tu crecimiento personal

Con los cursos de Campus Ágora, impartidos por las mejores universidades, podrás desarrollar habilidades para avanzar en tu carrera.
 
 
 
 


Colegio Hispano América - Ambato - cumpleaños 65


Un grupo de amigas del Colegio Hispano América de Ambato, cumplieron 65 años, lo celebraron con un encuentro.
 
 
 
 
 
 


 
 


"Hoy nuestro jardín se llenó de risas, sombreros vaqueros, pañuelos y muchísima complicidad con un grupo maravilloso para celebrar la vida en Reencuentro 🌸🤠.

​Verlas disfrutar en nuestro Flower Bar, bailar, abrazarse y saborear cada detalle hecho con nuestras manos y el amor de nuestra cocina, nos hace decir con orgullo: ¡Misión cumplida! 🤍


​Aunque las puertas oficiales se abren este Miércoles 01 de Julio, hoy confirmamos que la magia ya habita en este rincón de Ambato. ¡Gracias por elegirnos para diseñar recuerdos inolvidables!

​¿Lista para vivir tu propio reencuentro? Muy pronto... "

 


90 años de Colegio Hispano América - Ambato

 

 

 

Mundial 2026: dieciseisavos - Ecuadro - México, 2026/06/30

Para su comodidad, puede descargar el documento en formato PDF calendario del Mundial 2026
 
 
Invito a leer dos artículos: 
 

"I. La pregunta que nadie quiere responder
¿Qué son los negros en este país?

La respuesta cambia cada noventa minutos.

Cuando la pelota cruza la línea de gol, la multitud grita: "Los amo, negros de mi vida", como si la negritud fuera una medalla que solo brilla bajo los reflectores del estadio.

Pero si el árbitro pita el final y el marcador no favorece, el amor se pudre en un santiamén. Los mismos cuerpos celebrados se vuelven culpables. El "negro lindo" pasa a ser "negro bruto", "descerebrado", "negro hijueputa".

La misma boca que adoró, escupe.

Y todo ocurre en el tiempo que tarda una pelota en cruzar —o no— una línea.

II. El olvido instantáneo
 
Veamos a Enner Valencia.

El mayor goleador en la historia de la selección. El hombre que nos dio alegrías que no merecíamos. El que llevó el nombre del país a lugares donde jamás habría llegado sin él.

Años de goles. Años de gritos. Años en los que nos permitió creer que éramos algo más que nuestra mediocridad habitual.

Entonces falla un gol.
Uno solo.
Un gol que cualquier futbolista, bajo presión, puede fallar. Un gol que lo metería hasta el más malo de los hinchas, según él mismo diría.

Y en ese instante todo desaparece.
Ya no es "nuestro negro maravilloso". Ya nadie recuerda los goles, los partidos en los que nos hizo sentir dignos. Todo queda reemplazado por una sola falla.

El mensaje es brutal:
Tu valor no es histórico.
Es instantáneo.
Y si fallas, todo lo anterior deja de existir.

III. La arquitectura de la humillación

Imaginemos a un niño en cualquier barrio pobre. Por ejemplo, Las Malvinas. Tiene diez años, una pelota, hambre y miedo.
Tiene todo lo necesario para ser criminalizado por la policía en la mañana y adorado por la nación en la noche, si algún día aprende a correr rápido, patear fuerte y ganar lo suficientemente seguido.

Ese es el horror.
No somos racistas de manera simple y frontal. Eso, al menos, tendría una claridad brutal. Somos algo peor: racistas condicionales.

Racistas que cambiamos de opinión según el marcador.

Al niño negro se le enseña, sin decirlo, que su vida vale lo que vale un gol. Que sus logros no lo protegen. Que su historia no lo salva. Que una falla puede borrar años de gloria.
Es una esclavitud moderna: la del presente eterno, donde el pasado no redime y el futuro no promete nada.

IV. La victoria como máscara
 
Hoy se le gana a un país marcado por una historia brutal de racismo.

¿Eso cambia algo?

No.
La victoria no redime la hipocresía: la disfraza.
Cuando ganamos contra el símbolo del racismo ajeno, nos sentimos moralmente superiores. Gritamos "los amo, negros de mi vida" y creemos que ese grito nos absuelve de todo.

Pero no estamos celebrando realmente a los negros. Celebramos que nos sirvieron para algo.

Que sus cuerpos, su velocidad, su potencia, su talento —todo aquello que en la calle se sospecha, se persigue o se desprecia— fue útil para humillar a quien alguna vez humilló.

Esa es la parte más cínica: usamos a nuestros propios oprimidos como armas contra otros opresores y, por un momento, eso nos hace sentir inocentes.

Hasta que uno falla.

Hasta que Enner Valencia no mete el gol.
Entonces descubrimos la verdad: no lo amábamos. Lo necesitábamos.
Y cuando dejó de servirnos, lo odiamos con la violencia reservada para quienes alguna vez fueron convertidos en ídolos.

V. La amnesia colectiva
 
Enner Valencia marcó 49 goles con la selección.

Cuarenta y nueve momentos en los que nos hizo gritar, abrazarnos, creer. 49 veces que gritamos "¡Sí se pudo!"

Pero falla uno y la memoria se derrumba.

El problema no es solo que olvidemos sus éxitos. Es peor: los negamos activamente. Los reducimos a suerte, circunstancia, pasado irrelevante.

La falla, en cambio, se vuelve esencia.
Ahí aparece la forma más sofisticada del racismo deportivo: celebrar los triunfos como si fueran nuestros y atribuir los fracasos como si pertenecieran a la naturaleza del jugador negro.

Cuando gana, nos representa. Cuando falla, lo expulsamos.

VI. El ídolo descartable
 
Después de años de gloria, Enner Valencia queda sometido a la sombra de un gol que no entró.

Eso hicimos: lo descartamos.
No físicamente, pero sí como símbolo. Lo borramos de la historia que habíamos escrito con él. Lo convertimos en el error que cometió, no en la trayectoria que construyó.

Y lo hicimos en público, sin pudor, porque sabemos que el futbolista negro carga con una vulnerabilidad histórica: puede ser amado por millones y, aun así, quedar solo cuando el estadio decide destruirlo.

Es la forma más sofisticada de violencia: la que no deja cicatrices visibles, pero que borra la existencia.

VII. Un crimen universal
 
Esto no ocurre solo aquí.

Las naciones fabrican ídolos descartables en todas partes. Toman a los marginados, los entrenan, los exhiben, los celebran cuando ganan y los crucifican cuando pierden.

Y entonces, cuando ya no sirven, los arrojan fuera del relato.

Pero lo más violento no es el descarte. Es la reescritura.
Hacemos como si la gloria nunca hubiera existido. Como si el héroe hubiese sido siempre un fracaso esperando revelarse.

Esa es la violencia de la amnesia colectiva: borrar la historia mientras se está viviendo.

VIII. La pregunta vuelve
 
Entonces, ¿Qué son los negros en este país?

Son héroes cuando ganan. Culpables cuando pierden.
Son símbolo patrio cuando nos conviene.
Cuerpos descartables cuando fallan.

Son Enner Valencia: el mayor goleador de la selección, reducido por muchos a una jugada que no terminó en gol. Si frente a Alemania no lo cambian, hubiéramos perdido.

Son entretenimiento, posesión, validación. Nos sirven para sentir que existimos, que tenemos talento, que somos alguien en el mundo.

Y cuando derrotan al país racista, nos permiten decirnos que nosotros no lo somos.

Pero lo somos.
Solo que somos racistas eufóricos. Con camiseta. Racistas que cantamos victoria y confundimos el marcador con absolución.

IX. Epílogo: la verdad incómoda
 
Lo más obsceno es que sabemos lo que hacemos.

Es una maquinaria tan repetida que ya parece natural.

Somos un país capaz de gritar "los amo" en el estadio y despreciar esos mismos cuerpos en la calle, en el restaurante, en el barrio.
Un país capaz de olvidar 49 goles por una pelota que no entró.

Un país donde los militares —también negros muchísimos de ellos— desaparecen a niños negros que salen de sus escuelas de fútbol, y luego celebramos a esos mismos militares cuando la selección gana.

Mientras tanto, en los barrios, hay más niños con balones. Más niños que creen que el fútbol es una salida. Más niños que no saben que están siendo entrenados para una libertad condicional: admirados mientras ganen, sospechosos mientras vivan, desechables cuando fallen.

Porque esa es nuestra verdadera victoria: poder celebrar la derrota del racismo ajeno mientras sostenemos el propio.

Poder amar al negro cuando nos salva.
Odiarlo cuando no puede hacer lo imposible.
Poder borrar su historia mientras todavía la estamos viviendo.

Como si los goles nunca hubieran existido.
Ni la gloria. Ni Enner Valencia.

Solo queda el error.

Y alrededor del error, nuestra memoria rota."
 
  









 
"Mientras multitud de aficionados sueñan con conseguir una entrada, multinacionales, millonarios y algunas de las personas más influyentes del planeta compiten por acceder a los espacios más exclusivos del torneo,

La Copa del Mundo, que se está celebrando entre Estados Unidos, México y Canadá, no solo será la más grande de la historia por número de selecciones participantes, también apunta a convertirse en el Mundial más rentable jamás organizado. La FIFA espera alcanzar unos ingresos comerciales récord cercanos a los 3.000 millones de euros por el negocio de la hospitalidad VIP y los palcos de lujo. Actores como Tom Cruise, cantantes como Taylor Swift o influencers como Kim Kardasian actúan como vitrinas móviles de marcas de lujo (relojes, joyería, moda o tecnología) que pagan cifras millonarias para que estos famosos muestren sus productos en las transmisiones oficiales de televisión o en contenido en sus redes sociales.

Detrás de esta maquinaria se encuentra On Location, la compañía estadounidense especializada en experiencias premium que también trabaja en eventos como la Super Bowl o los Juegos Olímpicos. Su misión consiste en transformar los estadios del Mundial en auténticos centros de negocio, relaciones públicas y entretenimiento de alto nivel.

Los paquetes más accesibles dentro de la oferta premium arrancan en torno a los 1.200 o 1.700 euros por persona para algunos encuentros de la fase de grupos. Sin embargo, las cifras se disparan rápidamente cuando se habla de partidos decisivos o de espacios privados. Los conocidos como Luxury Suites, pensados para grupos reducidos, pueden superar los 140.000 euros por partido en las rondas eliminatorias.

¿A quiénes invitan?

Las marcas no regalan estos asientos al azar. Sus invitados se dividen en directores ejecutivos, inversionistas clave y socios comerciales, así como actores, músicos y creadores de contenido con audiencias masivas (como la familia Kardashian, Rihanna o MrBeast) y presidentes, gobernadores y embajadores de los países que están compitiendo, gestionados bajo estrictos protocolos de relaciones internacionales.

En cada partido del Mundial hay personas que tienen su lugar asegurado. La cúpula de la FIFA; exfutbolistas icónicos como Kaká, Cafú, Ronaldo Nazário o David Beckham -que juega en casa como embajador global de la FIFA y copropietario del Inter Miami-, tiene su palco privado.

Asimismo, los magnates de la tecnología o las finanzas, dueños de franquicias de la NFL, mantienen el control de sus estadios y tienen garantizados sus palcos de propietario para recibir a sus propios invitados de la alta sociedad estadounidense.

Las marcas deportivas apuestan fuertemente por los rostros más conocidos. Es el caso de Nike, que ha sacudido el marketing del torneo con su campaña viral 'Rip The Script', donde la empresaria Kim Kardashian participa de forma estelar junto a su hijo Saint West, el rapero Travis Scott y la superestrella del K-Pop, Lisa, compartiendo escena con futbolistas y otros atletas como LeBron James. Mientras que la marca neoyorquina Kith, junto a Adidas y Lionel Messi, han lanzado un rediseño de zapatillas exclusivas (Superstar y Handball Spezial) para celebrar los 20 años de carrera del futbolista y el inicio del Mundial.

Salma Hayek acaparó todas las miradas en la inauguración del Mundial luciendo un traje hecho a medida por Gucci, propiedad del imperio de su marido, François-Henri Pinault, haciendo de escaparate para la firma.

Cuando vemos Beyoncé o Kendal Jenner en un palco VIP invitadas por una multinacional, su presencia allí es solo la punta del iceberg. Para que una de estas figuras se asocie a una marca y 'acepte' dejarse ver en su palco, los contratos globales oscilan entre los 10 y 20 millones de euros anuales. El acuerdo obliga a la marca a ponerles un avión privado (un coste aproximado de unos 100.000 euros por trayecto), blindar una Luxury Suite exclusiva para ellas y todo su séquito (valorada en más de 150.000 euros por partido) y asegurarles protección privada. A cambio, la celebridad solo tiene que aparecer en el palco luciendo el producto y subir un par de historias a Instagram.

Si se trata de una acción puntual, los equipos de representación de las celebridades tasan su presencia basándose estrictamente en el valor de sus redes sociales. Kim Kardashian, por ejemplo, cobra actualmente entre 1.5 y 2 millones de euros por un post patrocinado en Instagram.

En el caso de Taylor Swift, cuando acude a un partido, lo hace de manera estrictamente privada o por compromisos personales (como apoyar a su pareja Travis Kelce si está involucrado en eventos del torneo). En su caso, son las marcas y los dueños de los estadios quienes le ruegan que acepte sus palcos de forma gratuita. Su sola presencia en una suite eleva el valor de las acciones de las empresas que patrocinan el evento y genera una publicidad gratuita para el estadio valorada en cientos de millones de dólares (el llamado 'Efecto Swift').

¿En qué consiste la experiencia VIP?

La experiencia en un palco VIP del Mundial 2026 va mucho más allá de tener una buena vista a la cancha. On Location ha redefinido el concepto de hospitalidad deportiva, transformando los estadios en clubes privados de cinco estrellas donde el fútbol es casi un pretexto para el networking de alto nivel.

Algunos de los estadios cuentan con helipuertos cercanos y carriles exclusivos para vehículos de alta gama autorizados por la FIFA. Los invitados VIP acceden por zonas exclusivas y alejadas de las multitudes. Desde allí, ascensores privados los transportan directamente a sus suites o palcos. El contacto con el público, por lo general, es prácticamente nulo.

En la cultura deportiva norteamericana la previa es tan importante como el partido mismo. Mientras los aficionados comunes esperan fuera del estadio, los invitados VIP disfrutan de sets acústicos íntimos. La hospitalidad suele incluir actividades de entretenimiento previas al partido.

Pero la joya de la corona son los salones de lujo ubicados literalmente a nivel del campo, justo detrás de los banquillos de los suplentes o detrás de las porterías. Los invitados VIP pueden bajar de sus palcos antes del partido para ver el calentamiento de las estrellas mundiales desde una posición privilegiada junto al terreno de juego.

Alta cocina en el estadio

Desterrados quedan los perritos calientes, los nachos y la cerveza en vaso de plástico. Para el Mundial 2026, se han contratado a chefs de Estados Unidos, México y Canadá para rendir homenaje a la diversidad culinaria de los tres países anfitriones. Los invitados pueden disfrutar de estaciones de ostras abiertas al momento, marisco premium, caviar, tartar de de atún, carne wagyu, maridajes con vinos selectos, los tequilas más exclusivos del mundo y las mejores etiquetas de champán.

Las celebridades no siempre consumen lo que el estadio ofrece, consumen lo que sus contratos multimillonarios les exigen. Estrella que poseen o son embajadoras de sus propias marcas de bebidas espirituosas (como Kendall Jenner o George Clooney) asisten a un palco privado patrocinado por la marca y se exige por contrato la retirada absoluta de cualquier marca de alcohol de la competencia. Los camareros del palco solo pueden servir sus respectivas marcas y el personal firma acuerdos de confidencialidad.

En estadios de alta demanda corporativa, jeques y dignatarios internacionales que pagan los palcos más caros del torneo exigen cocinas completamente independientes. Sus peticiones gastronómicas incluyen menús con certificación Halal estricta y barras donde el alcohol tradicional es sustituido por una sofisticada carta de mocktails (cócteles sin alcohol) elaborados con aguas destiladas botánicas e ingredientes importados de Oriente Medio, todo supervisado por inspectores de cocina propios antes del pitido inicial.

Mientras los aficionados se concentran en las actuaciones de las grandes estrellas sobre el césped, otra parte de la historia se desarrollará detrás de los cristales de los palcos más exclusivos. Porque si algo demuestra el Mundial de 2026 es que ya no es únicamente el campeonato deportivo más importante del planeta, también es una de las mayores plataformas de negocio, relaciones públicas y visibilidad global que existen."


Simulador AS Deportes el 2026/06/28 
 





domingo, 21 de junio de 2026

Palabra del día: inmarcesible



RAE inmarcesible


"Del fr. immarcessible o immarcescible, estos del lat. tardío immarcescibĭlis, de in- 'in-2' y marcescibĭlis 'marchitable', y este der. del lat. marcescĕre 'marchitarse'.
 
adj. Que no se puede marchitar.
 
Sin.:inmarchitable, imperecedero, eterno, perenne, perpetuo.
Ant.:marchitable.
 
Sinónimos o afines de «inmarcesible»
inmarchitable, imperecedero, eterno, perenne, perpetuo.
Antónimos u opuestos de «inmarcesible»
marchitable."
 
Esta palabra la escuché por primera vez a la Profesora Mónica en Mensaje de cumpleaños

"Que este día de tu natalicio deseo que la felicidad sea tan inefable como la etérea creación de la inmarcesible alma.

Que en este hálito sempiterno de este magnánimo día te encomien, te ensalcen y te ponderen como a cual monarca de la vida. 
 
Feliz cumpleaños"

 
 
En primera persona
 
En temporada del Mundial 2026, en una reunión con amigos, luego del partido con Alemania, plantearon el reto de pronunciar una frase que nos deje pensando.
 
Mis amigos doctos en futbol, cual monosabios en el ámbito taurino, demostraban solvencia y se tenían réplicas apasionadas.
  
En mi momento pronuncié la frase:
Conservemos de forma inmarcesible la participación en este mundial de la Selección, recordemos que un partido se puede: perder, empatar y ganar.
 
No tenía nada especial, sólo que suponía que la palabra inmarcesible no la conocían. Por supuesto se quedaron pensando.
 
Ipso facto les remití esta publicación y ofrecí incorporar la historia, conservando el anonimato de los amigos. 
 
   
 
Le invito a revisar publicaciones con etiqueta Vocabulario




jueves, 18 de junio de 2026

Reunión de traje

  


 

 
 
 
 
 
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
   
Un musical saludo.

Comparto tema que lo recibí en formato audio lo bauticé como: Reunión de traje de autor Anónimo, lo subí en plataforma #SoundCloud.

Si conoce al autor y nombre del tema, por favor su ayuda para actualizar.

Para hacer la publicación ubicaba un imagen de amigos reunidos, lo pensé mejor y utilicé algunas con los amigos, por supuesto falta: la familia, amigos,...
 

 
 
 


 
 
 
 
 
 
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
"Amigo, amiga te invito
 a una reunión de traje
 
Trae un café sin cafeína, 
una taza de leche deslatozada y fina

Un chocolate sin azúcar, por favor 
Un pancito sin gluten, pero con sabor
Y una chela sin alcohol para brindar 
Porque mañana la presión hay que cuidar

Ay, que tiempos aquellos de juventud 
Comíamos de todo con gran actitud
Churrascos, ceviches y chicharrón 
Dándole rienda suelta, corazón

Somos de la misma generación 
Que hoy el cuerpo nos protesta un montón
Hoy revisamos el colesterol, la glucosa 
El hígado y el corazón, reciente cualquier cosa 
 
Antes el picante era un gran placer
Ahora el gastrólogo tiene que proceder 
Tomar que salte carronera felicidad
Hoy los vemos de lejos con curiosidad
 
Brindemos con agua natural 
Que la amistad sigue siendo especial
Tal vez el cuerpo cambió de estación 
Pero el alma sigue en revolución
 
Y aunque el menú parezca hospital 
La risa sigue siendo fundamental
Porque en el fondo para bien o para mal 
Seguimos jóvenes en versión digital"
 

Transcriptor de audio a texto: turbotranscribeia






 



Referencia fotografías


Cuando puedo, me reúno con los amigos.

 


LA EDAD EN QUE EL TIEMPO SE SIENTA A LA MESA.

"Existe una etapa de la vida en la que el espejo empieza a tratarnos con una sinceridad casi ofensiva.

El cabello se va retirando discretamente. Las rodillas comienzan a emitir boletines sonoros. La memoria, a veces, decide jugar al escondite precisamente con el nombre de esa persona que acabamos de encontrar en el supermercado.

Y también está el fenómeno más cruel de todos: levantarse de la silla soltando un “¡opa!” involuntario… como si la columna necesitara una autorización verbal para funcionar.

Pero tal vez haya una belleza secreta en todo eso.

Porque, mientras el cuerpo va negociando lentamente sus límites con el tiempo, el alma —curiosamente— empieza a hacerse más grande.

Más generosa. Más paciente. Más humana.

Llega una edad en la que ya no necesitamos ganar discusiones inútiles. Ni demostrar inteligencia. Ni competir por importancia. La vida finalmente nos enseña que ciertos trofeos pesan más de lo que valen.

Entonces empezamos a cambiar la prisa por la presencia.

Y eso lo cambia todo.

El café deja de ser solo café. Se convierte en ceremonia. En encuentro. En una excusa para conversar sin mirar el reloj.

Las amistades antiguas adquieren un brillo especial.

Porque han sobrevivido a las décadas, a los desencuentros, a los cambios, a las pérdidas, a la terquedad e incluso a las opiniones políticas: un milagro estadísticamente improbable para los hombres mayores de setenta años… especialmente en los grupos de WhatsApp.

Y el amor… Ah, el amor también cambia.

Ya no necesita incendiar el mundo. Basta con calentar el corazón.

A veces llega en forma de un mensaje sencillo: “¿Estás bien?”

Y listo. Eso ilumina el día entero.

También descubrimos que la aventura, en la madurez, ha adquirido nuevos significados.

Dormir toda la noche sin despertarse dos veces para ir al baño se ha convertido casi en una experiencia trascendental. Encontrar un examen médico con todos los valores normales provoca una emoción similar a la de ganar una Copa del Mundo. Y viajar sin olvidar los medicamentos ya puede considerarse un acto de audacia internacional.

Pero hay algo profundamente épico en seguir viviendo con ternura a pesar de todo.

A pesar de las ausencias.

A pesar de las despedidas.

A pesar de los amigos que se fueron demasiado pronto y dejaron sillas vacías en nuestras mesas y silencios difíciles de explicar.

Y aun así… seguimos organizando encuentros.

Planeando viajes. Riéndonos de las mismas historias.

Inventando motivos para celebrar cumpleaños.

Plantando lapachos blancos en algún rincón de la memoria.

Tal vez sea eso lo que sostiene al mundo sin que nos demos cuenta: hombres y mujeres comunes que insisten delicadamente en seguir amando la vida.

Porque envejecer no es desaparecer.

Es disminuir el ruido exterior para escuchar mejor lo esencial.

Es descubrir que quizá la felicidad nunca fue una línea de llegada. Era simplemente aquella buena conversación después del almuerzo… la llamada inesperada… el abrazo prolongado… el amigo que todavía recuerda tu apodo de juventud… y la mesa donde alguien siempre guarda un lugar para ti.

Al final de cuentas, tal vez la gran victoria de la madurez sea esta:

aprender que la vida ya no necesita correr.

Ahora puede simplemente… sentarse con nosotros a la mesa.

Patricia Aguirre."