¿Por qué entonces, a pesar de todas estas precauciones, Gordon Banks –nombrado mejor portero del mundo por la FIFA durante seis años consecutivos– sufrió una gastroenteritis justo el día en que debían enfrentarse a Alemania en cuartos de final? ¿Casualidad?
Nada más lejos, entiende Gabriel Gatehouse, periodista de The Observer y coautor del pódcast Foul play: sport, spies and family secrets ('Juego sucio: deporte, espías y secretos familiares'), tras haber investigado durante tres años aquel oscuro incidente. Sus revelaciones amenazan con ensuciar la victoria de Brasil en uno de los mundiales más recordados de la historia.
Campeona vigente, en México 1970 compartía el cartel de favorita con la Brasil de Pelé, Rivelino, Jairzinho y compañía. Con Bobby Moore, Bobby Charlton, Geoff Hurst y el propio Gordon Banks, del equipo inglés se decía que era superior al que, cuatro años antes, había ganado la primera estrella. Su enfrentamiento con la canarinha en fase de grupos, 'el partido del siglo', se consideró la 'final anticipada', dejando para la inmortalidad una felina parada de Banks a Pelé. Brasil, gobernado por una junta militar entregada a Washington, ganó 1-0, pero Inglaterra ya les había enseñado las uñas.
Una semana después, a horas de los cuartos de final contra Alemania, el guardameta inglés cayó repentinamente enfermo. Peter Bonetti sustituyó a Banks, Alemania venció 3-2 tras ir Inglaterra ganando 0-2 y el portero Bonetti fue señalado como chivo expiatorio. Nunca volvió a la selección.
El brazalete robado y la detención inexplicable
Documentos británicos de esa época desclasificados en 2000 contienen referencias a una posible «conspiración latinoamericana contra el fútbol británico». Oficialmente desestimada como fantasiosa, entre los funcionarios que recuerdan aquel episodio, como Keith Morris, encargado de negocios de la Embajada en México cuando Moore fue arrestado, cundió la sospecha de que todo había sido un montaje para favorecer a Brasil. Durante 37 años, sin embargo, nadie hizo nada por alentar esa teoría.
Levantó la liebre, en 2007, el periodista deportivo Brian Glanville, al revisar el episodio en England managers: the toughest job in football, (Entrenadores de Inglaterra: el trabajo más difícil del fútbol) libro donde escribe: «No soy adicto a las teorías de la conspiración, pero creo que Banks fue víctima de sabotaje».
Lo primero que Glanville oyó al respecto provenía de una fuente de alto rango: Stuart Symington, senador demócrata entre 1952 y 1976 que, como miembro del Comité de Servicios Armados del Senado, recibía informes secretos de la CIA. Symington era primo de Bob Oxby, un periodista amigo de Glanville a quien, un día en que debatía con su pariente sobre la eliminación de Inglaterra, este le soltó: «¡Eso fue obra de la CIA! No creerás que íbamos a dejar que Inglaterra venciera a Brasil, ¿verdad?».
Mucho después, en 2023, cuando estos pequeños detalles llegaron a oídos de Gabriel Gatehouse, el periodista de The Observer decidió ir un poco más allá. Los indicios que ha hallado en estos tres años dan pábulo a la teoría de un complot de la CIA para favorecer a una dictadura brasileña necesitada de un subidón de popularidad.
Gatehouse halló su primera pista en Ciudad de México, la mayor base latinoamericana de la Agencia en la Guerra Fría y con una vasta nómina de agentes mexicanos. ¿Podría alguno haberse infiltrado en el hotel de Inglaterra y envenenado a Banks? Cuando Gatehouse visitó el Archivo Nacional de México, no halló pruebas concluyentes, pero sí un memorando de 1968 que cuenta cómo Winston Scott, miembro fundador de la CIA y exjefe de estación en México, infiltró a un agente, Philip Agee, en los Juegos Olímpicos de México.
En sus memorias, Dentro de la Compañía: diario de la CIA, Agee escribió en 1975: «Hemos estado presentes en todos los Juegos, de invierno y de verano, desde que los soviéticos aparecieron en Helsinki 1952: provocaciones, deserciones, propaganda, reclutamiento de atletas para operaciones en la Villa Olímpica; todo con la CIA».
La idea, que desarrolla en sus memorias, es sencilla: «Fomentar el nacionalismo es uno de los objetivos principales de la CIA, por ser una de las herramientas más importantes para mantener una ideología dominante que apoye la misión estadounidense. Por supuesto que actúa en Juegos Olímpicos, Mundiales y otras actividades deportivas». Chris y Michael, hijos de Agee y Scott, con los que habló Gatehouse, consideran plausible que la Agencia envenenara al portero de la selección inglesa.
El principal sospechoso: una cerveza
Robert y su hermana, Wendy, con 12 y 7 años en 1970, recuerdan que al regresar su padre de México la familia sufrió una cuarentena de dos semanas, sorprendente medida para una intoxicación alimentaria. «Había gente con batas blancas por la casa tomando muestras –rememora Wendy–. No sé decirte quiénes eran ni de dónde venían».
Neil Phillips, doctor de la selección, también escribió unas memorias: El médico de los campeones del mundo, donde detalla el «régimen estricto» que impuso a los jugadores, y concluye que lo de Banks fue resultado de una indisciplina alimentaria, el portero se saltó las normas: «La fuente más probable de la infección sería un sándwich con trozos de lechuga preparado por un mexicano».
Ignorando esa teoría, Gatehouse persistió en su búsqueda. Bob Wallace, un agente con 32 años de servicio que dirigió la Oficina de Servicios Técnicos, le dijo: «La filosofía de la CIA entonces era que necesitábamos hacer cosas extraordinarias para contrarrestar a los soviéticos. El abanico de posibilidades era prácticamente ilimitado». Entre ellas: el envenenamiento.
Los venenos de la CIA
A continuación, y de forma misteriosa, Wallace añadió: «Ahora tienes más trabajo por hacer». ¿Insinuaba que, si buscaba más, hallaría pruebas concluyentes de que la CIA envenenó a Banks? ¿Pruebas de que Estados Unidos, el gran aliado del Reino Unido, interfirió en el Mundial de 1970 para apoyar a la dictadura brasileña, entonces pilar fundamental de la Operación Cóndor, patrocinada y financiada por Washington?
Gobernaba entonces Richard Nixon, considerado como Trump, entre los peores presidentes de la historia del país. Este, eso sí, prefiere influir a pecho descubierto, como hizo al presionar hace unas semanas a la FIFA para retirarle una tarjeta roja al delantero estrella de su país. Si Nixon intervino en México 1970, sin embargo, solo lo sabremos si algún día llegan a revelarse las actividades del pasado de la Agencia que permanecen clasificadas."



