Mostrando entradas con la etiqueta Deportes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Deportes. Mostrar todas las entradas

jueves, 27 de agosto de 2026

Yo te Daré: La Historia del cántico más popular del Ecuador | Liga de Quito

 


"El origen de la histórica y legendaria barra de Liga Deportiva Universitaria: "Yo te daré, te daré Liga hermosa".

El compás de la melodía tiene origen alemán, se escuchó por primera vez en 1829, en la obra "La Reforma" en la quinta sinfonia del autor y pianista Félix Mendelson...
El título de la Reforma hacía alusión a un movimiento protestante qué se dio lugar en Europa.
Luego de más un siglo en 1933 el español Ramón Aramburu Sarzola la compuso con un estilo gallego, producida para Paquita Robles, conocida como "La pitusilla", canta autora española...
Pitusilla sacó a la luz una canción cuyo coro fue: "Yo te daré, te daré una cosa, una cosa que yo solo sé: Café"
La canción "Yo te daré" de la Pitusilla se hizo popular en 1936 en la Guerra Civil Española. La canción era cantada por los niños que se desplazaban del conflicto hacia la URSS.
Los adultos cantaban la canción a los niños para que éstos no se sientan tan agobiados y con miedo por el conflicto, y los niños también cantaban la canción...
Dimitri Kostakovich re editó la canción y en 1960 se hizo canon en toda la URSS y el mundo...
 

Investigador: Edison Fernando Montenegro"

 


Yo te Daré: La Historia del Cántico Más Popular del Ecuador | Liga de Quito

El "Yo te daré" de Liga de Quito no surge de la nada. Tiene sus raíces en la tradición popular, con melodías y estructuras que se remontan a décadas atrás, desde Alemania, su paso por la historia española y rusa hasta su llegada a Latinoamérica en las gradas del estadio del ejido o del arbolito en Quito 1960. Nos encontramos ante una pieza que encapsula la esencia de la identidad alba, un himno que ha trascendido generaciones y se ha convertido en un símbolo de pasión y pertenencia. 
 

 
 
 

 
Tiago Sinner
 

"El repositorio audiovisual más grande de Liga Deportiva Universitaria. 
 
Aquí revivimos la historia, las rivalidades y la cultura alba con datos verificados y sin sensacionalismo: documentales, rankings, curiosidades y los grandes momentos de LDU en Libertadores, Sudamericana, Recopa y LigaPro."
 
Consulte publicaciones en este blog sobre Deportes
 
 

sábado, 18 de julio de 2026

ABC ¿Envenenó la CIA al portero de Inglaterra en el Mundial de 1970?



"Trump no es el primero que ha tratado de condicionar un Mundial. En 1970, la repentina enfermedad de su portero llevó a Inglaterra a la eliminación y alentó la idea de que la CIA favoreció a Brasil para asentar su dictadura. Una investigación levanta nuevas sospechas sobre aquel episodio. 

A México 1970, la selección inglesa se llevó 15.000 botellas de agua mineral y toda la comida de los jugadores era suministrada por una empresa de alimentos congelados, directamente desde el Reino Unido. Los jugadores no podían comer ensaladas, fruta sin pelar o helado; y su médico, Neil Phillips, les había prohibido terminantemente comer nada en la calle.

¿Por qué entonces, a pesar de todas estas precauciones, Gordon Banks –nombrado mejor portero del mundo por la FIFA durante seis años consecutivos– sufrió una gastroenteritis justo el día en que debían enfrentarse a Alemania en cuartos de final? ¿Casualidad?

Nada más lejos, entiende Gabriel Gatehouse, periodista de The Observer y coautor del pódcast Foul play: sport, spies and family secrets ('Juego sucio: deporte, espías y secretos familiares'), tras haber investigado durante tres años aquel oscuro incidente. Sus revelaciones amenazan con ensuciar la victoria de Brasil en uno de los mundiales más recordados de la historia. 

 
Los ingleses, inventores del fútbol, solo han ganado un Mundial. El suyo, en Inglaterra 1966, célebre por su resolución con un gol fantasma en el que el balón, como mostró años después la tecnología, no cruzó la línea de gol. La fortuna –o la razón de aquel histórico error arbitral que favoreció al anfitrión– estuvo entonces del lado de Inglaterra. Cuatro años después las tornas iban a cambiar.

Campeona vigente, en México 1970 compartía el cartel de favorita con la Brasil de Pelé, Rivelino, Jairzinho y compañía. Con Bobby Moore, Bobby Charlton, Geoff Hurst y el propio Gordon Banks, del equipo inglés se decía que era superior al que, cuatro años antes, había ganado la primera estrella. Su enfrentamiento con la canarinha en fase de grupos, 'el partido del siglo', se consideró la 'final anticipada', dejando para la inmortalidad una felina parada de Banks a Pelé. Brasil, gobernado por una junta militar entregada a Washington, ganó 1-0, pero Inglaterra ya les había enseñado las uñas.

Una semana después, a horas de los cuartos de final contra Alemania, el guardameta inglés cayó repentinamente enfermo. Peter Bonetti sustituyó a Banks, Alemania venció 3-2 tras ir Inglaterra ganando 0-2 y el portero Bonetti fue señalado como chivo expiatorio. Nunca volvió a la selección.

El brazalete robado y la detención inexplicable

Casualidad o no, los ingleses ya habían vivido un extraño episodio previo a la competición. Tras un amistoso en Colombia, Bobby Moore –considerado uno de los mejores defensas de la historia– fue detenido acusado de robar un brazalete de diamantes en una joyería de Bogotá. El primer ministro laborista Harold Wilson, que había anticipado las elecciones para aprovechar un previsible éxito mundialista, consiguió liberarlo, tras una frenética batalla diplomática, cuatro días después. Moore, que mantuvo su inocencia hasta su muerte en 1993, pudo jugar. La eliminación de Inglaterra a las primeras de cambio, sin embargo, chafó el plan de Wilson, que perdió las elecciones. El robo nunca llegó a resolverse.
 
 

Documentos británicos de esa época desclasificados en 2000 contienen referencias a una posible «conspiración latinoamericana contra el fútbol británico». Oficialmente desestimada como fantasiosa, entre los funcionarios que recuerdan aquel episodio, como Keith Morris, encargado de negocios de la Embajada en México cuando Moore fue arrestado, cundió la sospecha de que todo había sido un montaje para favorecer a Brasil. Durante 37 años, sin embargo, nadie hizo nada por alentar esa teoría.

Levantó la liebre, en 2007, el periodista deportivo Brian Glanville, al revisar el episodio en England managers: the toughest job in football, (Entrenadores de Inglaterra: el trabajo más difícil del fútbol) libro donde escribe: «No soy adicto a las teorías de la conspiración, pero creo que Banks fue víctima de sabotaje».

Lo primero que Glanville oyó al respecto provenía de una fuente de alto rango: Stuart Symington, senador demócrata entre 1952 y 1976 que, como miembro del Comité de Servicios Armados del Senado, recibía informes secretos de la CIA. Symington era primo de Bob Oxby, un periodista amigo de Glanville a quien, un día en que debatía con su pariente sobre la eliminación de Inglaterra, este le soltó: «¡Eso fue obra de la CIA! No creerás que íbamos a dejar que Inglaterra venciera a Brasil, ¿verdad?». 

Mucho después, en 2023, cuando estos pequeños detalles llegaron a oídos de Gabriel Gatehouse, el periodista de The Observer decidió ir un poco más allá. Los indicios que ha hallado en estos tres años dan pábulo a la teoría de un complot de la CIA para favorecer a una dictadura brasileña necesitada de un subidón de popularidad.

Gatehouse halló su primera pista en Ciudad de México, la mayor base latinoamericana de la Agencia en la Guerra Fría y con una vasta nómina de agentes mexicanos. ¿Podría alguno haberse infiltrado en el hotel de Inglaterra y envenenado a Banks? Cuando Gatehouse visitó el Archivo Nacional de México, no halló pruebas concluyentes, pero sí un memorando de 1968 que cuenta cómo Winston Scott, miembro fundador de la CIA y exjefe de estación en México, infiltró a un agente, Philip Agee, en los Juegos Olímpicos de México.

En sus memorias, Dentro de la Compañía: diario de la CIA, Agee escribió en 1975: «Hemos estado presentes en todos los Juegos, de invierno y de verano, desde que los soviéticos aparecieron en Helsinki 1952: provocaciones, deserciones, propaganda, reclutamiento de atletas para operaciones en la Villa Olímpica; todo con la CIA».

La idea, que desarrolla en sus memorias, es sencilla: «Fomentar el nacionalismo es uno de los objetivos principales de la CIA, por ser una de las herramientas más importantes para mantener una ideología dominante que apoye la misión estadounidense. Por supuesto que actúa en Juegos Olímpicos, Mundiales y otras actividades deportivas». Chris y Michael, hijos de Agee y Scott, con los que habló Gatehouse, consideran plausible que la Agencia envenenara al portero de la selección inglesa.

El principal sospechoso: una cerveza

Gordon Banks, que falleció en 2019, atribuyó su enfermedad en México 1970 a una cerveza sospechosa que tomó con unos compañeros antes de enfermar: «No recuerdo si la botella que me sirvieron se abrió en mi presencia –escribió en su autobiografía–, pero media hora después ya me sentía muy mal». Su familia afirma que Banks sospechaba de algún tipo de trampa. «Siempre fue desconfiado. Le pareció extraño que solo enfermara él», dice su nieto Jervis, coautor del pódcast de Gatehouse. A lo que Robert, su padre e hijo del propio Gordon, añade: «Y de forma tan grave. Ningún otro jugador enfermó ni un poco».

Robert y su hermana, Wendy, con 12 y 7 años en 1970, recuerdan que al regresar su padre de México la familia sufrió una cuarentena de dos semanas, sorprendente medida para una intoxicación alimentaria. «Había gente con batas blancas por la casa tomando muestras –rememora Wendy–. No sé decirte quiénes eran ni de dónde venían».

Neil Phillips, doctor de la selección, también escribió unas memorias: El médico de los campeones del mundo, donde detalla el «régimen estricto» que impuso a los jugadores, y concluye que lo de Banks fue resultado de una indisciplina alimentaria, el portero se saltó las normas: «La fuente más probable de la infección sería un sándwich con trozos de lechuga preparado por un mexicano».

Ignorando esa teoría, Gatehouse persistió en su búsqueda. Bob Wallace, un agente con 32 años de servicio que dirigió la Oficina de Servicios Técnicos, le dijo: «La filosofía de la CIA entonces era que necesitábamos hacer cosas extraordinarias para contrarrestar a los soviéticos. El abanico de posibilidades era prácticamente ilimitado». Entre ellas: el envenenamiento.

Los venenos de la CIA

Lo demostró el Congreso cuando, tras el escándalo Watergate, en los setenta, investigó las actividades de la CIA y reveló un ingente arsenal de venenos. La prensa habló de los más potentes (de cobra, una letal toxina de mariscos...), pero nadie prestó atención a Nathan Gordon, un biólogo de la CIA, que declaró: «Tenemos sustancias que pueden provocar un caso grave de malestar estomacal para, por ejemplo, indisponer a una persona en una noche y lugar determinados». Hablaba de la bacteria Salmonella typhimurium y de la toxina enterotoxina estafilocócica, dos sustancias cuya ingestión en mínimas dosis causa los síntomas que sufrió Banks. 
 
 
El exagente Bob Wallace le dijo a Gatehouse que jamás había «oído hablar sobre haberle provocado diarrea a ningún portero de ningún equipo de fútbol en ningún lugar del mundo». Los exagentes, en todo caso, no pueden divulgar información que exponga a fuentes vivas ni los métodos de la Agencia. Wallace, por lo tanto, ¿estaría obligado a mentir si supiera de un complot de la CIA para envenenar a Gordon Banks en el Mundial de 1970? «No necesitaría mentirte, pero no lo abordaría», le dijo a Gatehouse.

A continuación, y de forma misteriosa, Wallace añadió: «Ahora tienes más trabajo por hacer». ¿Insinuaba que, si buscaba más, hallaría pruebas concluyentes de que la CIA envenenó a Banks? ¿Pruebas de que Estados Unidos, el gran aliado del Reino Unido, interfirió en el Mundial de 1970 para apoyar a la dictadura brasileña, entonces pilar fundamental de la Operación Cóndor, patrocinada y financiada por Washington?

Gobernaba entonces Richard Nixon, considerado como Trump, entre los peores presidentes de la historia del país. Este, eso sí, prefiere influir a pecho descubierto, como hizo al presionar hace unas semanas a la FIFA para retirarle una tarjeta roja al delantero estrella de su país. Si Nixon intervino en México 1970, sin embargo, solo lo sabremos si algún día llegan a revelarse las actividades del pasado de la Agencia que permanecen clasificadas."







jueves, 9 de julio de 2026

El cerebro del Mundial - FIFA Centro de Operaciones del Torneo (TOC)



"AS accede a las entrañas del Centro de Operaciones y el Comando Tecnológico del Mundial, que comandan FIFA y su partner tecnológico, Lenovo, en Miami. Desde ahí se controla todo en el torneo.

La primera impresión que se tiene al acceder al Centro de Operaciones y al Comando Tecnológico del Mundial 2026 es la de una sala de control militar o de seguridad al estilo que se suelen mostrar en las películas. Una sensación quizá sugestionada por el hecho de que previamente no se permite acceder a nadie ajeno a la instalación con teléfono móvil o aparato que pueda desvelar la sensible información que se maneja dentro. “Nuestro trabajo es ser invisibles y que todo fluya”, advierte Nacho Fresco, director de Tecnología de FIFA. Porque desde este edificio ubicado en Miami, al que pudo acceder AS, se tiene el control de cualquier detalle que ocurre en torno a un campeonato complejísimo por su número récord de selecciones (48), sus 16 sedes en tres países distintos, sus alrededor de 600 centros oficiales, sus 5.000 trabajadores más otros 65.000 voluntarios... Una especie de tejido nervioso enorme y descentralizado que sí cuenta con un cerebro en Florida, desde donde FIFA y su partner tecnológico, Lenovo, velan para que el torneo fluya con normalidad.

Cada sala del edificio a la que se tiene acceso en esta visita sigue alimentando esa idea inicial casi de lugar secreto. Cientos de técnicos pegados a sus ordenadores reciben un número de datos por segundo que abruman, procesados a través de las soluciones tecnológicas creadas por Lenovo y apoyadas en la Inteligencia Artificial. La síntesis de todo eso se encuentra en unas pantallas gigantes que cubren las paredes internas del edificio y, echando una rápida mirada, uno empieza a hacerse a la idea de la magnitud de las operaciones que se gestionan desde ese punto. En el momento en el que realizó la visita este periódico, en una pantalla aparecían las imágenes aéreas tomadas con drones de los autobuses de las selecciones a punto de partir. En uno de ellos, los perros de los cuerpos de seguridad realizaban rastreos, mientras el otro ya se encontraba camino hacia el estadio a la vez que se indicaban los posibles problemas que iba a encontrar a su paso. 
 




En otra de las múltiples pantallas gigantes, la imagen ya era del estadio. Tanto de las gradas, como de su entorno. Una marea humana aparecía superando los diferentes anillos de seguridad del recinto mientras que, al lado, una serie de números corren a una velocidad endiablada. Muestran la cantidad de personas con entrada que van superando cada control, cuántas están ya dentro del estadio, cuántas faltan por llegar… “Todos esos datos que ven también están siendo mandados a los dispositivos y móviles de cada uno de los trabajadores que se encuentran divididos por departamentos. Desde ticketing, tema de logística, viajes… hasta temas de seguridad, coordinados con los diferentes países”, se explica.

Cuando la mirada se dirige a otra pantalla aparentemente indescifrable, uno empieza a entender que los diferentes códigos representan a todas la selecciones, sedes, viajes que deben hacer de una a otra… “Y cuando algo cambia, por ejemplo, hay un retraso por el clima, por un vuelo, una cancelación, eso tiene un enorme efecto dominó en otras áreas funcionales porque entonces el transporte terrestre debe esperar, las sesiones de entrenamiento cambian de hora…”.
 
 


Myles Spittle, líder de Entrega, Despliegue y Mantenimiento en Lenovo, pone el énfasis en que todo trata de un trabajo arduo de mucho tiempo: “Mandamos 25.000 laptops y tabletas preconfiguradas, y una gran cantidad más de equipo a todos los estadios y centros. Trabajando muy de cerca, no solo con FIFA, sino con los equipos y agencias de seguridad para cumplir con ciertos requisitos en los dispositivos. La tarea de montaje también ha conllevado instalarlos en los estadios, que cuando llegamos son como lienzos en blanco. Cuatro semanas antes del primer partido, nuestros ingenieros llegaban y ayudaban a configurar todo. Luego pasamos a la ejecución, con un equipo de trabajo muy grande en cada recinto, expertos en IA, codificando y desarrollando… Y ahora ya estamos con el desmontaje en los estadios que ya no acogerán más partidos. Un proceso que ya lo habíamos probado en el Mundial de clubes. Se puede decir que todo es el resultado de dos años de trabajo”.

“Aún así, el día uno todo debe funcionar”, apunta a AS Santiago Manso, director del área de Deportes de Lenovo. “Hay que tener en cuenta que el día del estreno es un enorme reto. La inauguración en el estadio Azteca fue de una gran presión, pendiente de que todo funcionase. Como se suele decir, de que nadie pisase ningún cable… Y esa sensación la hemos tenido 16 veces, 16 estrenos en cada sede en los que todo debía funcionar a la perfección”, ejemplifica. “Hemos tenido que entender cómo trabaja FIFA. Ser el socio tecnológico en un Mundial es más que aportar nuestras habilidades. Debemos ser miembros del equipo, estar integrados”, completa Spittler.

A pesar de las estrictas medidas de seguridad para acceder a este Centro de Operaciones, hay también una ingente cantidad de amenazas que llegan desde fuera. De ahí que el trabajo en ciberseguridad sea tan importante o más que el que se lleva sobre el terreno. Porque los números son sorprendentes. “Recibimos unos 500 millones de ciberataques al día. Hay que tener en cuenta que, en el Mundial de Qatar 2022, tuvimos este tipo de incidencias también en un número muy elevado, de unos 1,1 billones durante todo el torneo. Ahora el número es mayor. Hay que tener en cuenta también la situación geopolítica que se está viviendo en el mundo”, explica Nacho Fresco.


 
 



"Una semana antes del comienzo del certamen, Gianni Infantino, presidente de la FIFA, visitó el Centro de Operaciones del Torneo (TOC) de la Copa Mundial de la FIFA 2026™, situado en Miami, donde conversó con el personal responsable de coordinar la compleja operativa del espectáculo más grande del planeta.


Durante su visita, Infantino alabó el trabajo ya en marcha y describió el vanguardista centro como fundamental para el éxito de la competición. Si bien a menudo se lo conoce como "la sala de máquinas" de la Copa Mundial de la FIFA, el presidente de la FIFA sugirió otro apelativo.
 
 


"Prefiero llamarlo el corazón de la Copa Mundial de la FIFA", afirmó el presidente de la FIFA. "Ustedes están realmente en el núcleo, en el corazón de esta Copa Mundial de la FIFA. Son responsables de coordinarlo todo y de asegurarse de que todo funcione con fluidez, sin contratiempos, a la perfección". 

El TOC es el centro de coordinación de toda la operativa de la Copa Mundial de la FIFA 2026. Es el punto de enlace entre la directiva de la FIFA, las 16 ciudades sede y más de 600 emplazamientos oficiales situados en Canadá, México y Estados Unidos, con más de 5.000 trabajadores de la FIFA desplegados a lo largo y ancho de la zona geográfica del torneo.

La principal finalidad del TOC es garantizar la consistencia y la coherencia en una operación esencialmente descentralizada. Aúna a representantes de todas las áreas funcionales, incluyendo operativa, comunicaciones, comercial, entradas, seguridad y tecnología en un único espacio, lo que permite una toma de decisiones rápida y de punto a punto cuando surgen cuestiones en las que el tiempo es un factor crítico. Recopila y distribuye información del torneo, traza y resuelve incidentes, escala riesgos a la directiva sénior y actúa como capa central de apoyo en la toma de decisiones por encima del nivel sobre el terreno.
 
 


La distribución del TOC está estratégicamente diseñada para facilitar que las áreas funcionales puedan trabajar de forma colaborativa y eficiente de modo que los representantes de servicios a los equipos, gestión de la competición y operativa de los medios estén sentados juntos y así poder brindar apoyo a todos sus grupos de interés de manera más fluida.

En las paredes del TOC hay pantallas gigantes que muestran información como pronósticos del tiempo, desplazamientos de los equipos en competición, eventos clave y contenido en redes sociales, lo que garantiza que se mantenga una perspectiva centralizada de la operativa del torneo. La ubicación del personal acreditado del torneo, delegados de los equipos, cuerpo arbitral e invitados también se monitoriza, asegurando así que haya una instantánea en tiempo real de dónde está cada persona.
 


Infantino reconoció la escala y complejidad de la operación, dado que el personal de la FIFA trabaja en un área territorial tan amplia, e instó al personal del TOC a abordar sus responsabilidades con una mentalidad centrada en las personas y en la búsqueda de soluciones, valores que describió como esenciales para ofrecer un certamen abierto y acogedor a los aficionados y visitantes de todo el mundo.

"Traten todo lo que tengan sobre la mesa utilizando su corazón, su cerebro y una mentalidad orientada al servicio y a la búsqueda de soluciones", explicó. 
 

Heimo Schirgi, director general de operaciones de la Copa Mundial de la FIFA y responsable del TOC, explicó que las instalaciones son el centro neurálgico de todo el torneo, ya que permiten la rápida coordinación entre todas las áreas funcionales y garantizan la consistencia de la experiencia independientemente de la localización.

"La principal ventaja es tener a las personas en un mismo lugar", apuntó. "Así, todos los implicados, quienes toman decisiones, quienes necesitan recopilar información y coordinarse con diferentes áreas funcionales, están en un mismo lugar. Y si hay que tomar decisiones en las que el tiempo es un factor crítico, eso es absolutamente vital".

"Puedes hacer una (video) llamada, pero no es lo mismo, como todos sabemos. Así, todo el mundo puede reunirse si hay una crisis en algún lugar, la gente puede juntarse y tomar decisiones rápidamente. Básicamente, se trata de tener a todo el mundo aquí y también de tener la información adecuada aquí, en un mismo lugar". 
 
 


Una innovación clave de la Copa Mundial de la FIFA 2026 es el Centro de Mando Inteligente (ICC), desarrollado en colaboración con Lenovo, socio oficial para servicios tecnológicos de la FIFA. El ICC integra datos de varias áreas funcionales en una única plataforma, el cuadro de mandos del torneo, accesible en ordenadores portátiles, tabletas, teléfonos y en las pantallas gigantes que hay en las paredes del TOC.

"Lo que hicimos aquí en el TOC, junto a nuestros compañeros de Lenovo, que han sido fundamentales para hacer esto realidad, fue crear sistemas de información que extraen datos de todo tipo de fuentes. Todas las áreas funcionales tienen sus propias bases de datos, sus propios sistemas. Y antes no estaban conectados automáticamente, pero ahora muchos de estos sistemas están integrados en lo que llamamos "cuadro de mandos del torneo", añadió el director general de operaciones de la Copa Mundial de la FIFA. 
 
 


Con la vista puesta en las próximas semanas, Schirgi detalló los objetivos que espera que el TOC cumpla durante la competición.

"El objetivo del TOC está claro. Realmente se trata de tener una operación más integrada y fluida en nuestros 600 emplazamientos oficiales en los tres países, y poder coordinar y tomar las decisiones correctas. Esa es la intención del TOC, y si podemos lograrlo, obviamente va a ser un gran éxito".

La Copa Mundial de la FIFA 2026 comienza el jueves 11 de junio en Ciudad de México. En total se disputarán 104 partidos en 16 ciudades de Canadá, México y Estados Unidos, culminando en la final, a celebrar en Nueva York Nueva Jersey el domingo 19 de julio. 
 
 

 
Consulte publicaciones en este blog sobre Mundial 2026

viernes, 26 de junio de 2026

Mundial 2026: dieciseisavos - Ecuador - México: México, lindo y querido, 2026/06/30

 

 
 
Para su comodidad y registro, puede descargar el documento en formato PDF calendario del Mundial 2026
 
 
 
Es necesario entrar en ambiente: 
 
El autor del artículo cambio la configuración de privacidad, debe ser por los comentarios negativos de algunos navegantes apasionados, expresé mi solidaridad al autor. 
 
 
 
MÉXICO, LINDO Y QUERIDO por Franklin Briones

"Hay partidos que no se juegan solamente en la cancha. Se juegan también en la memoria.

Ecuador contra México, por ejemplo, es para mí no solo un encuentro del Mundial, una alineación, una tabla de posiciones, un cálculo de goles a favor y en contra.
Es, más bien, una conversación con una parte de mi infancia: ecuatoriana, sí, pero educada en buena medida por México.

O, para decirlo con más precisión: por las revistas mexicanas que llegaban puntuales, misteriosas, fabulosas, a enseñarme el mundo mejor que la escuela.

No niego sus pupitres, sus pizarrones, sus campanas, sus maestras ni sus castigos salvajes, como aquellos que nos obligaban a arrancarnos las pestañas para colocarlas en la palma de la mano y amortiguar la dureza de la regla. Pero cuando llegué a la escuela yo ya había entrado en el reino de las letras. Ya sabía descifrar esas puertas impresas que se abrían hacia países, épocas, templos, selvas, montañas, mares, tumbas egipcias y monasterios tibetanos. Había aprendido con mi madre y con las revistas. Sobre todo con una: Kalimán.

Mientras en la escuela la geografía era una lista de ríos muertos, la historia, una fila de fechas con uniforme, y la lectura, una obligación simplificada, en las revistas todo palpitaba. Todo tenía música, peligro, perfume de aventura. El mundo cabía en unas páginas dobladas, manoseadas, esperadas con ansiedad de peregrino. Y esas páginas venían de México.

El niño que esperaba el lunes
 
Yo fui un niño que esperaba revistas como otros esperan cartas de amor. Había una ceremonia en esa espera. La semana se estiraba, se volvía larga, casi injusta. Las revistas llegaban los lunes, y el intervalo entre un capítulo y otro era demasiado para mi impaciencia. Entonces ocurrió algo decisivo: mi mente empezó a trabajar.

Si Kalimán quedaba atrapado en una cueva, yo inventaba la salida. Si Solín estaba en peligro, yo anticipaba el rescate. Si aparecía un sabio, un villano, una civilización perdida o una frase enigmática, yo fabricaba durante la semana mi propia continuación. El lunes siguiente comparaba mi versión con la verdadera. A veces acertaba. A veces no. Pero lo importante era que, sin darme cuenta, había empezado a crear.

Así comenzó todo: no por una tarea escolar ni por una redacción corregida con tinta roja, sino por la necesidad de saber qué ocurriría después. La imaginación nació de la espera. La creatividad fue una forma de impaciencia.

A los doce años ya no leía solamente a Kalimán. Para entonces devoraba también versiones juveniles de la literatura universal. Pero Kalimán fue la puerta principal, la clave de entrada, el mapa inicial.

Por él supe que Grecia no era apenas un nombre en un libro escolar, sino un territorio de dioses, columnas, héroes, filósofos y enigmas. Si Kalimán iba a Grecia, yo corría a buscar todo lo que pudiera leer sobre Grecia: la Ilíada, la Odisea, la Eneida.

Si viajaba al Tíbet, yo quería saber qué era el Tíbet, dónde quedaba, cómo eran sus montañas, qué pensaban sus monjes, qué secretos guardaba el silencio de sus monasterios.

Y cuando Kalimán hablaba de la mente, yo escuchaba como discípulo.

“Quien domina la mente, lo domina todo.”

Esa frase podía servir para salvar al mundo, derrotar criminales o resistir una clase aburrida de gramática y castellano. Yo me la tomé en serio. Muy en serio. Leí cuanto pude sobre hipnosis, concentración, sugestión, poderes mentales, respiración, voluntad, telepatía, telekinesis y todos esos territorios donde la infancia confunde con felicidad la ciencia, la magia y el deseo.

Fui hipnotista, levitador, mentalista de patio, aprendiz de faquir, maestro secreto de mí mismo. Naturalmente, nunca levité más allá de mi entusiasmo. Pero eso también puede ser una forma de levitación.

Fui discípulo de Kalimán. Fui, a mi manera, su pequeño Solín.

Una educación mexicana
 
Tanto me ayudó México que cuando mi padre me regaló, a los doce años, una enciclopedia Universitas de veinte tomos, yo ya tenía el vicio de la lectura y de la imaginación. Ya sabía que una palabra llevaba a otra, que una pregunta abría diez preguntas más.

La curiosidad había prendido.

De modo que antes de los tomos solemnes de filosofía y psicología estuvo el papel popular. Antes del conocimiento con lomo duro y pretensión académica estuvo la aventura semanal. Y esa aventura hablaba con acento mexicano, aunque me llevara por el planeta entero.

Por eso, cuando pienso en México, no pienso primero en un rival de fútbol. Pienso en mi forma de haber conocido el mundo. Pienso en la voz de los doblajes, en los nombres impresos en las portadas, en las historietas que llegaban como emisarios de otro universo. Pienso en ese México que todavía no era el país real, con sus contradicciones, su historia compleja, su violencia, su grandeza, su dolor y su belleza, sino un México-madre, un México-puente, un México-mito.
 
Un México de papel.

De cuando llegó la televisión
Después llegó la televisión y aquella presencia, en vez de disiparse, se confirmó. Los canales locales parecían tener una embajada mexicana permanente. Las telenovelas, las películas, los cómicos, las canciones, los melodramas, los charros, los boleros, las rancheras, los villanos, las madres sufridas, los galanes de bigote imposible: todo eso entraba en la casa como si fuera parte de la familia.
México estaba en la pantalla, en la radio, en el cine, en las revistas, en las canciones que uno escuchaba sin proponérselo y luego descubría que sabía de memoria. Claro, también estaba Estados Unidos, ese país al que muchos llaman “América” como si los demás viviéramos en un pie de página. Pero México tenía otra cercanía. Era extranjero, sí, aunque no del todo. Era distinto, pero comprensible. Tenía una melodía familiar.

Quizá por eso México se volvió para muchos latinoamericanos una especie de pariente grande: a veces entrañable, a veces excesivo, a veces dominante, a veces queridísimo. Un país que aparecía por todas partes antes de que uno pudiera viajar a ninguna.

El partido
 
Y ahora retorno al hecho concreto: Ecuador juega contra México en México. Ahí están los comentaristas, las estadísticas, los pronósticos, las camisetas, los nervios, la ansiedad nacional. Ahí está mi país: el de la infancia física, el de las calles, los amigos, los patios, las lluvias, los sabores, las derrotas y las alegrías propias. Ecuador, con su camiseta, su himno, sus jugadores, su derecho a soñar y a sufrir.

Yo quiero que gane Ecuador, desde luego. En el fútbol no se puede ser diplomático hasta el final. La pelota exige una lealtad primaria, casi tribal. Uno puede ser ciudadano del mundo durante la semana, pero el día del partido vuelve a un barrio, a una bandera, a una infancia concreta. Quiero que Ecuador gane, que juegue bien, que no se achique, que mire de frente, que corra, que muerda, que tenga claridad y corazón.

Kalimán en la tribuna
 
Para cerrar, imagino a Kalimán sentado en la tribuna, sereno, impecable, mirando el partido sin perder la compostura. A su lado está Solín, nervioso, preguntando si Ecuador podrá resistir los últimos minutos. Kalimán respira profundo y dice una frase perfecta para el caso:

“Serenidad y paciencia, pequeño Solín.”

Y tiene razón. Porque eso necesita todo hincha: serenidad y paciencia. Aunque en el fútbol ambas cosas duren poco.

El árbitro pitará el inicio. Rodará la pelota. Ecuador atacará. México responderá. Yo sufriré, como corresponde. Pero en algún lugar de la tribuna invisible de mi memoria, Kalimán observará el juego con su calma legendaria. Y Solín, que también fui —que todavía soy—, seguirá creyendo que todo es posible hasta el último minuto.

Porque quien domina la mente, lo domina todo.

Salvo, quizá, un partido del Mundial "
 
 
Invito a leer dos artículos: 
 

"I. La pregunta que nadie quiere responder
¿Qué son los negros en este país?

La respuesta cambia cada noventa minutos.

Cuando la pelota cruza la línea de gol, la multitud grita: "Los amo, negros de mi vida", como si la negritud fuera una medalla que solo brilla bajo los reflectores del estadio.

Pero si el árbitro pita el final y el marcador no favorece, el amor se pudre en un santiamén. Los mismos cuerpos celebrados se vuelven culpables. El "negro lindo" pasa a ser "negro bruto", "descerebrado", "negro hijueputa".

La misma boca que adoró, escupe.

Y todo ocurre en el tiempo que tarda una pelota en cruzar —o no— una línea.

II. El olvido instantáneo
 
Veamos a Enner Valencia.

El mayor goleador en la historia de la selección. El hombre que nos dio alegrías que no merecíamos. El que llevó el nombre del país a lugares donde jamás habría llegado sin él.

Años de goles. Años de gritos. Años en los que nos permitió creer que éramos algo más que nuestra mediocridad habitual.

Entonces falla un gol.
Uno solo.
Un gol que cualquier futbolista, bajo presión, puede fallar. Un gol que lo metería hasta el más malo de los hinchas, según él mismo diría.

Y en ese instante todo desaparece.
Ya no es "nuestro negro maravilloso". Ya nadie recuerda los goles, los partidos en los que nos hizo sentir dignos. Todo queda reemplazado por una sola falla.

El mensaje es brutal:
Tu valor no es histórico.
Es instantáneo.
Y si fallas, todo lo anterior deja de existir.

III. La arquitectura de la humillación

Imaginemos a un niño en cualquier barrio pobre. Por ejemplo, Las Malvinas. Tiene diez años, una pelota, hambre y miedo.
Tiene todo lo necesario para ser criminalizado por la policía en la mañana y adorado por la nación en la noche, si algún día aprende a correr rápido, patear fuerte y ganar lo suficientemente seguido.

Ese es el horror.
No somos racistas de manera simple y frontal. Eso, al menos, tendría una claridad brutal. Somos algo peor: racistas condicionales.

Racistas que cambiamos de opinión según el marcador.

Al niño negro se le enseña, sin decirlo, que su vida vale lo que vale un gol. Que sus logros no lo protegen. Que su historia no lo salva. Que una falla puede borrar años de gloria.
Es una esclavitud moderna: la del presente eterno, donde el pasado no redime y el futuro no promete nada.

IV. La victoria como máscara
 
Hoy se le gana a un país marcado por una historia brutal de racismo.

¿Eso cambia algo?

No.
La victoria no redime la hipocresía: la disfraza.
Cuando ganamos contra el símbolo del racismo ajeno, nos sentimos moralmente superiores. Gritamos "los amo, negros de mi vida" y creemos que ese grito nos absuelve de todo.

Pero no estamos celebrando realmente a los negros. Celebramos que nos sirvieron para algo.

Que sus cuerpos, su velocidad, su potencia, su talento —todo aquello que en la calle se sospecha, se persigue o se desprecia— fue útil para humillar a quien alguna vez humilló.

Esa es la parte más cínica: usamos a nuestros propios oprimidos como armas contra otros opresores y, por un momento, eso nos hace sentir inocentes.

Hasta que uno falla.

Hasta que Enner Valencia no mete el gol.
Entonces descubrimos la verdad: no lo amábamos. Lo necesitábamos.
Y cuando dejó de servirnos, lo odiamos con la violencia reservada para quienes alguna vez fueron convertidos en ídolos.

V. La amnesia colectiva
 
Enner Valencia marcó 49 goles con la selección.

Cuarenta y nueve momentos en los que nos hizo gritar, abrazarnos, creer. 49 veces que gritamos "¡Sí se pudo!"

Pero falla uno y la memoria se derrumba.

El problema no es solo que olvidemos sus éxitos. Es peor: los negamos activamente. Los reducimos a suerte, circunstancia, pasado irrelevante.

La falla, en cambio, se vuelve esencia.
Ahí aparece la forma más sofisticada del racismo deportivo: celebrar los triunfos como si fueran nuestros y atribuir los fracasos como si pertenecieran a la naturaleza del jugador negro.

Cuando gana, nos representa. Cuando falla, lo expulsamos.

VI. El ídolo descartable
 
Después de años de gloria, Enner Valencia queda sometido a la sombra de un gol que no entró.

Eso hicimos: lo descartamos.
No físicamente, pero sí como símbolo. Lo borramos de la historia que habíamos escrito con él. Lo convertimos en el error que cometió, no en la trayectoria que construyó.

Y lo hicimos en público, sin pudor, porque sabemos que el futbolista negro carga con una vulnerabilidad histórica: puede ser amado por millones y, aun así, quedar solo cuando el estadio decide destruirlo.

Es la forma más sofisticada de violencia: la que no deja cicatrices visibles, pero que borra la existencia.

VII. Un crimen universal
 
Esto no ocurre solo aquí.

Las naciones fabrican ídolos descartables en todas partes. Toman a los marginados, los entrenan, los exhiben, los celebran cuando ganan y los crucifican cuando pierden.

Y entonces, cuando ya no sirven, los arrojan fuera del relato.

Pero lo más violento no es el descarte. Es la reescritura.
Hacemos como si la gloria nunca hubiera existido. Como si el héroe hubiese sido siempre un fracaso esperando revelarse.

Esa es la violencia de la amnesia colectiva: borrar la historia mientras se está viviendo.

VIII. La pregunta vuelve
 
Entonces, ¿Qué son los negros en este país?

Son héroes cuando ganan. Culpables cuando pierden.
Son símbolo patrio cuando nos conviene.
Cuerpos descartables cuando fallan.

Son Enner Valencia: el mayor goleador de la selección, reducido por muchos a una jugada que no terminó en gol. Si frente a Alemania no lo cambian, hubiéramos perdido.

Son entretenimiento, posesión, validación. Nos sirven para sentir que existimos, que tenemos talento, que somos alguien en el mundo.

Y cuando derrotan al país racista, nos permiten decirnos que nosotros no lo somos.

Pero lo somos.
Solo que somos racistas eufóricos. Con camiseta. Racistas que cantamos victoria y confundimos el marcador con absolución.

IX. Epílogo: la verdad incómoda
 
Lo más obsceno es que sabemos lo que hacemos.

Es una maquinaria tan repetida que ya parece natural.

Somos un país capaz de gritar "los amo" en el estadio y despreciar esos mismos cuerpos en la calle, en el restaurante, en el barrio.
Un país capaz de olvidar 49 goles por una pelota que no entró.

Un país donde los militares —también negros muchísimos de ellos— desaparecen a niños negros que salen de sus escuelas de fútbol, y luego celebramos a esos mismos militares cuando la selección gana.

Mientras tanto, en los barrios, hay más niños con balones. Más niños que creen que el fútbol es una salida. Más niños que no saben que están siendo entrenados para una libertad condicional: admirados mientras ganen, sospechosos mientras vivan, desechables cuando fallen.

Porque esa es nuestra verdadera victoria: poder celebrar la derrota del racismo ajeno mientras sostenemos el propio.

Poder amar al negro cuando nos salva.
Odiarlo cuando no puede hacer lo imposible.
Poder borrar su historia mientras todavía la estamos viviendo.

Como si los goles nunca hubieran existido.
Ni la gloria. Ni Enner Valencia.

Solo queda el error.

Y alrededor del error, nuestra memoria rota."
 
  
El autor del artículo cambio la configuración de privacidad, debe ser por los comentarios negativos de algunos navegantes apasionados, expresé mi solidaridad al autor. 








 
"Mientras multitud de aficionados sueñan con conseguir una entrada, multinacionales, millonarios y algunas de las personas más influyentes del planeta compiten por acceder a los espacios más exclusivos del torneo,

La Copa del Mundo, que se está celebrando entre Estados Unidos, México y Canadá, no solo será la más grande de la historia por número de selecciones participantes, también apunta a convertirse en el Mundial más rentable jamás organizado. La FIFA espera alcanzar unos ingresos comerciales récord cercanos a los 3.000 millones de euros por el negocio de la hospitalidad VIP y los palcos de lujo. Actores como Tom Cruise, cantantes como Taylor Swift o influencers como Kim Kardasian actúan como vitrinas móviles de marcas de lujo (relojes, joyería, moda o tecnología) que pagan cifras millonarias para que estos famosos muestren sus productos en las transmisiones oficiales de televisión o en contenido en sus redes sociales.

Detrás de esta maquinaria se encuentra On Location, la compañía estadounidense especializada en experiencias premium que también trabaja en eventos como la Super Bowl o los Juegos Olímpicos. Su misión consiste en transformar los estadios del Mundial en auténticos centros de negocio, relaciones públicas y entretenimiento de alto nivel.

Los paquetes más accesibles dentro de la oferta premium arrancan en torno a los 1.200 o 1.700 euros por persona para algunos encuentros de la fase de grupos. Sin embargo, las cifras se disparan rápidamente cuando se habla de partidos decisivos o de espacios privados. Los conocidos como Luxury Suites, pensados para grupos reducidos, pueden superar los 140.000 euros por partido en las rondas eliminatorias.

¿A quiénes invitan?

Las marcas no regalan estos asientos al azar. Sus invitados se dividen en directores ejecutivos, inversionistas clave y socios comerciales, así como actores, músicos y creadores de contenido con audiencias masivas (como la familia Kardashian, Rihanna o MrBeast) y presidentes, gobernadores y embajadores de los países que están compitiendo, gestionados bajo estrictos protocolos de relaciones internacionales.

En cada partido del Mundial hay personas que tienen su lugar asegurado. La cúpula de la FIFA; exfutbolistas icónicos como Kaká, Cafú, Ronaldo Nazário o David Beckham -que juega en casa como embajador global de la FIFA y copropietario del Inter Miami-, tiene su palco privado.

Asimismo, los magnates de la tecnología o las finanzas, dueños de franquicias de la NFL, mantienen el control de sus estadios y tienen garantizados sus palcos de propietario para recibir a sus propios invitados de la alta sociedad estadounidense.

Las marcas deportivas apuestan fuertemente por los rostros más conocidos. Es el caso de Nike, que ha sacudido el marketing del torneo con su campaña viral 'Rip The Script', donde la empresaria Kim Kardashian participa de forma estelar junto a su hijo Saint West, el rapero Travis Scott y la superestrella del K-Pop, Lisa, compartiendo escena con futbolistas y otros atletas como LeBron James. Mientras que la marca neoyorquina Kith, junto a Adidas y Lionel Messi, han lanzado un rediseño de zapatillas exclusivas (Superstar y Handball Spezial) para celebrar los 20 años de carrera del futbolista y el inicio del Mundial.

Salma Hayek acaparó todas las miradas en la inauguración del Mundial luciendo un traje hecho a medida por Gucci, propiedad del imperio de su marido, François-Henri Pinault, haciendo de escaparate para la firma.

Cuando vemos Beyoncé o Kendal Jenner en un palco VIP invitadas por una multinacional, su presencia allí es solo la punta del iceberg. Para que una de estas figuras se asocie a una marca y 'acepte' dejarse ver en su palco, los contratos globales oscilan entre los 10 y 20 millones de euros anuales. El acuerdo obliga a la marca a ponerles un avión privado (un coste aproximado de unos 100.000 euros por trayecto), blindar una Luxury Suite exclusiva para ellas y todo su séquito (valorada en más de 150.000 euros por partido) y asegurarles protección privada. A cambio, la celebridad solo tiene que aparecer en el palco luciendo el producto y subir un par de historias a Instagram.

Si se trata de una acción puntual, los equipos de representación de las celebridades tasan su presencia basándose estrictamente en el valor de sus redes sociales. Kim Kardashian, por ejemplo, cobra actualmente entre 1.5 y 2 millones de euros por un post patrocinado en Instagram.

En el caso de Taylor Swift, cuando acude a un partido, lo hace de manera estrictamente privada o por compromisos personales (como apoyar a su pareja Travis Kelce si está involucrado en eventos del torneo). En su caso, son las marcas y los dueños de los estadios quienes le ruegan que acepte sus palcos de forma gratuita. Su sola presencia en una suite eleva el valor de las acciones de las empresas que patrocinan el evento y genera una publicidad gratuita para el estadio valorada en cientos de millones de dólares (el llamado 'Efecto Swift').

¿En qué consiste la experiencia VIP?

La experiencia en un palco VIP del Mundial 2026 va mucho más allá de tener una buena vista a la cancha. On Location ha redefinido el concepto de hospitalidad deportiva, transformando los estadios en clubes privados de cinco estrellas donde el fútbol es casi un pretexto para el networking de alto nivel.

Algunos de los estadios cuentan con helipuertos cercanos y carriles exclusivos para vehículos de alta gama autorizados por la FIFA. Los invitados VIP acceden por zonas exclusivas y alejadas de las multitudes. Desde allí, ascensores privados los transportan directamente a sus suites o palcos. El contacto con el público, por lo general, es prácticamente nulo.

En la cultura deportiva norteamericana la previa es tan importante como el partido mismo. Mientras los aficionados comunes esperan fuera del estadio, los invitados VIP disfrutan de sets acústicos íntimos. La hospitalidad suele incluir actividades de entretenimiento previas al partido.

Pero la joya de la corona son los salones de lujo ubicados literalmente a nivel del campo, justo detrás de los banquillos de los suplentes o detrás de las porterías. Los invitados VIP pueden bajar de sus palcos antes del partido para ver el calentamiento de las estrellas mundiales desde una posición privilegiada junto al terreno de juego.

Alta cocina en el estadio

Desterrados quedan los perritos calientes, los nachos y la cerveza en vaso de plástico. Para el Mundial 2026, se han contratado a chefs de Estados Unidos, México y Canadá para rendir homenaje a la diversidad culinaria de los tres países anfitriones. Los invitados pueden disfrutar de estaciones de ostras abiertas al momento, marisco premium, caviar, tartar de de atún, carne wagyu, maridajes con vinos selectos, los tequilas más exclusivos del mundo y las mejores etiquetas de champán.

Las celebridades no siempre consumen lo que el estadio ofrece, consumen lo que sus contratos multimillonarios les exigen. Estrella que poseen o son embajadoras de sus propias marcas de bebidas espirituosas (como Kendall Jenner o George Clooney) asisten a un palco privado patrocinado por la marca y se exige por contrato la retirada absoluta de cualquier marca de alcohol de la competencia. Los camareros del palco solo pueden servir sus respectivas marcas y el personal firma acuerdos de confidencialidad.

En estadios de alta demanda corporativa, jeques y dignatarios internacionales que pagan los palcos más caros del torneo exigen cocinas completamente independientes. Sus peticiones gastronómicas incluyen menús con certificación Halal estricta y barras donde el alcohol tradicional es sustituido por una sofisticada carta de mocktails (cócteles sin alcohol) elaborados con aguas destiladas botánicas e ingredientes importados de Oriente Medio, todo supervisado por inspectores de cocina propios antes del pitido inicial.

Mientras los aficionados se concentran en las actuaciones de las grandes estrellas sobre el césped, otra parte de la historia se desarrollará detrás de los cristales de los palcos más exclusivos. Porque si algo demuestra el Mundial de 2026 es que ya no es únicamente el campeonato deportivo más importante del planeta, también es una de las mayores plataformas de negocio, relaciones públicas y visibilidad global que existen."


Simulador AS Deportes el 2026/06/28 
 



Compra de Entradas FIFA
 
 


 
La previa
 
 






 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Ecuador Vs México (0-2)
 
 
 
 
 
 
Compartí a mis amigos un texto



El escritor, filósofo y premio Nobel francés, Portero en su juventud del Racing Universitaire d'Alger (RUA):