Mostrando las entradas para la consulta Imágenes para recordar ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta Imágenes para recordar ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

viernes, 5 de septiembre de 2025

¿Cómo publicar fotos de menores en redes sociales?


"Las redes sociales, además de estar presentes en el día a día de las personas, también forman parte de los centros educativos. La gran popularidad de estas plataformas digitales ha llevado a las escuelas a hacer uso de ellas para ganar visibilidad, atraer nuevos estudiantes, mantener su relevancia en su zona de influencia y para aumentar la transparencia y generar así confianza entre los padres y la comunidad educativa.

Compartir información a través de redes sociales como Facebook o Instagram permite a las escuelas e institutos mostrar aspectos como la fiesta de Navidad, los campeonatos deportivos, las excursiones, los ganadores del certamen literario o los concursos de arte. Esta práctica facilita la comunicación dentro de la comunidad educativa, incluyendo a padres, estudiantes y personal escolar, lo que puede fortalecer el sentido de pertenencia y comunidad.

Sin embargo, también surgen preocupaciones sobre la privacidad y seguridad de los menores. Compartir imágenes de estudiantes en plataformas públicas puede exponerlos a diversos riesgos, desde la violación de su privacidad hasta el acoso y el uso no autorizado de sus imágenes.

Por ello, es fundamental que toda la comunidad educativa, padres, madres, docentes y equipos directivos, acuerden y lleven a la práctica medidas de prevención con el consentimiento adecuado de los padres antes de publicar cualquier contenido que incluya a menores.

¿Qué consideraciones hay que tener en cuenta?

Aunque es muy común compartir imágenes y contenido en redes sociales o en grupos de clase, cuando se trata de menores de edad, es fundamental tomar algunas precauciones para garantizar su seguridad y privacidad. Las escuelas y otras instituciones educativas tienen la responsabilidad de proteger a sus estudiantes, especialmente cuando se comparten fotos o vídeos en línea.

Por ello, para evitar posibles riesgos, es importante seguir una serie de pautas que aseguren que el contenido publicado respete los derechos de los menores.

  • Obtener el consentimiento: Asegurarse de tener el consentimiento explícito de los padres, madres o tutores antes de publicar cualquier imagen de menores. Asimismo, es conveniente informar del uso que se dará a las imágenes y cómo realizará el centro estos procedimientos. Tener en cuenta que, pueden revocar el consentimiento en cualquier momento que ellos decidan y, por lo tanto, eliminar las imágenes de los mismos.
  • Es importante recordar que, si se realiza una actividad que va a ser grabada o fotografiada y en ella hay estudiantes que no tienen el consentimiento firmado, no se les puede excluir de las mismas. 
  • Evitar información personal: No incluir información personal identificable en las imágenes, como nombres completos, direcciones o clase de los estudiantes, mejor hablar de forma genérica, por ejemplo “Nuestros estudiantes recogen el premio del X certamen literario” o “La excursión al museo fue una experiencia enriquecedora para todos los alumnos y alumnas”.
  • Usar configuraciones de privacidad: Configurar las publicaciones para que solo sean visibles para un público restringido, como miembros de la comunidad escolar.
En redes sociales puedes configurar:
Las menciones y etiquetas, así evitarás que cualquier persona pueda etiquetarte en publicaciones donde no te gustaría aparecer.
Los seguidores, revisa a quién sigues y qué personas te siguen.
La ubicación.
  • Revisar el contenido: Verificar que las imágenes no contengan elementos que puedan poner en riesgo la seguridad de los menores o imágenes donde los menores salgan mal y puedan dar lugar a burlas o humillaciones.
  • Monitorizar comentarios: Supervisar los comentarios en las publicaciones para detectar y eliminar cualquier contenido inapropiado o peligroso, pudiendo eliminar la opción de realizar comentarios si fuese necesario.

¿Cómo podemos hacer fotos de forma segura?

A la hora de hacer las fotos de las diferentes actividades que el centro educativo puede realizar hay métodos para hacerlas de forma segura para proteger a los menores en Internet.

Aunque tengan firmados los consentimientos, debemos ser responsables y evitar mostrar rostros de los estudiantes, incluso marcas de nacimiento o elementos con los que pueden ser reconocidos.

Al hacer las fotos, procura poner a los menores de espaldas o tapando el rostro. Si no lo podemos evitar, a la hora de compartir la imagen podemos usar el propio editor del dispositivo para incluir algún emoticono o pixelar la cara o elementos reconocibles
 



Por otro lado, y hay que tener en cuenta algunas recomendaciones que son importantes:
  • Tener un único equipo encargado: Es importante que, a la hora de gestionar las imágenes y las redes sociales sea un persona o grupo de personas único, para evitar así accesos no autorizados a las cuentas o incluso poder detectar y actuar más fácilmente ante cualquier problema de seguridad. Formar y capacitar a ese equipo es clave para garantizar la seguridad de los menores.
  • Evitar guardar imágenes de los alumnos y alumnas en dispositivos personales de educadores. En caso de realizar esas fotos, pedir que, una vez las compartan con el equipo correspondiente que gestiona las imágenes, las eliminen.
  • Actualizar políticas regularmente: Revisar y actualizar las políticas del centro educativo sobre el uso de redes sociales y la publicación de imágenes de menores.
  • Implementar un protocolo de respuesta: Establecer un protocolo claro para responder a incidentes relacionados con la publicación de imágenes, como la eliminación rápida de contenido si es necesario, la gestión de los permisos, etc.

¿Qué riesgos pueden derivar de no tomar estas medidas?

Se puede tener la tentación de publicar en Facebook o Instagram la imagen del ganador del certamen literario escolar o el equipo vencedor del torneo de baloncesto para que lo vean los familiares y amigos, pero esto podría suponer algunos riesgos.
  • Pérdida de la privacidad: los rostros no están pixelados o se muestran con total claridad, pueden ser utilizadas sin autorización para fines nada amigables como crear memes o stickers para acosar, humillar o incluso ser víctimas de algún groomer.
  • Riesgo de acoso: Hay imágenes que pueden ser inocentes, pero puede que alguno/a no salga favorecido y acabe siendo víctima de acoso o ciberacoso.
  • Uso no autorizado de imágenes: las imágenes pueden ser copiadas y utilizadas sin autorización en otros contextos.
  • Riesgos de seguridad física: Proporcionar detalles como la clase a la que van los menores, la ubicación o rutinas revela mucha información privada que puede llegar a manos de personas con malas intenciones."



Cada país tiene su normativa, en Ecuador se puede publicar utilizando un Consentimiento informado, suscrito por el Representante Legal de la autorización de uso de imagen.
 
 

 
"... Aun en los casos permitidos por la ley, no se podrá utilizar públicamente la imagen de un adolescente mayor de quince años, sin su autorización expresa; ni la de un niño, niña o adolescente menor de dicha edad, sin la autorización de su representante legal, quien sólo la dará si no lesiona los derechos de su representado...."
 

 

FORMATO ESTÁNDAR DE CONSENTIMIENTO DE USO DE IMAGEN

  




Autorización uso de imagen Formato Educación 

 


miércoles, 25 de enero de 2023

jueves, 22 de agosto de 2024

NYT La felicidad también debe ejercitarse


Por Jenny Taitz
Jenny Taitz es psicóloga y profesora clínica adjunta de psiquiatría.
20 de agosto de 2024

"Quedarse en casa sin hacer nada es tentador, pero no te ayudará a sentirte mejor. Entonces, ¿cómo encontrar la motivación? La clave está en algo conocido como sensibilidad a la recompensa.

Todos lo hemos experimentado. Ese impulso de retraernos y eludir experiencias que sabemos que vamos a disfrutar, incluso cuando lo que más necesitamos es justamente una inyección de ánimo. Nos saltamos la fiesta de cumpleaños. Cancelamos la comida. No parece que valga la pena. Y después, lo más probable es que nos sintamos peor que antes. 


Entonces, ¿cómo encontrar la motivación para salir, especialmente cuando nos sentimos decaídos, estresados, cansados o solos? Una estrategia probada consiste en reforzar lo que los psicólogos denominan sensibilidad a la recompensa.

Nuestro impulso de buscar la felicidad es un músculo que podemos desarrollar. También lo es nuestra capacidad para disfrutar de las experiencias. Y casi todo el mundo puede aprender a incrementar su sensibilidad a la recompensa a través de entrenamientos para observar y saborear sus emociones positivas. Esto es cierto incluso para las personas con depresión y ansiedad a quienes les cuesta experimentar placer, una condición denominada anhedonia. 

A todos nos cuesta sentir placer a veces. Hace poco llevé a mis hijos pequeños a la playa el fin de semana. Horas antes de nuestra escapada, me enteré de que una amiga había muerto. Entumecida por la noticia, no estaba de humor para pasar un buen rato, aunque quería hacer algo especial para mi familia.

Parte de mi trabajo como terapeuta consiste en enseñar a la gente a manejar sus emociones. Y como les digo a mis pacientes, es posible honrar las fuentes legítimas de dolor y aun así reconocer que los momentos luminosos mejoran nuestro bienestar.

Las estrategias respaldadas por la investigación que presento a continuación, y que utilizo en mi consulta, me ayudaron a aprovechar al máximo nuestro viaje.

Premiar la sensibilidad y la salud mental

Al hablar del tratamiento de la salud mental, los médicos y terapeutas tienden a enfocarse en aliviar los síntomas negativos de sus pacientes. Quieren “quitar lo malo”, explicó Alicia Meuret, profesora de psicología de la Universidad Metodista del Sur.

Sin embargo, la mayoría de nosotros no solo necesitamos reducir el dolor, también necesitamos potenciar la alegría.

De hecho, mejorar las emociones positivas puede ser más prioritario para los pacientes que contener sus síntomas depresivos, y las investigaciones demuestran que los tratamientos basados en esta idea pueden ser eficaces.

Un estudio codirigido por Meuret en 2023 descubrió que cuando los adultos que sufrían depresión o ansiedad participaban en 15 semanas de psicoterapia enfocada en potenciar las emociones positivas, estos reportaban una mayor mejoría que un grupo cuya terapia se centraba en reducir las emociones negativas.

También se han observado beneficios en intervenciones más breves. En un estudio realizado en 2024 con 85 estudiantes, dirigido por Lucas LaFreniere, profesor adjunto de psicología en el Skidmore College, se dio a personas con ansiedad instrucciones periódicas a través del celular para planificar actividades placenteras, saborear momentos positivos y esperar acontecimientos positivos en el futuro. Al cabo de una semana, sus sentimientos de optimismo mejoraron significativamente. 

Un ejercicio para aumentar la sensibilidad a la recompensa

Para aumentar tu sensibilidad a la recompensa, puedes probar un ejercicio basado en los planes de tratamiento de estos estudios. Conviértelo en una práctica diaria durante el tiempo que te resulte útil, pero comprométete a hacerlo al menos durante una semana.

Empieza por planificar una actividad al día que te haga feliz o te dé una sensación de logro. Así será menos probable que pospongas las experiencias positivas. Sé realista: puede ser algo tan pequeño como comer un bocadillo favorito, leer unas cuantas páginas de una novela o hablar por FaceTime con un amigo o amiga.

Después de disfrutar ese momento cotidiano, cierra los ojos y di en voz alta, en tiempo presente, dónde y cuándo experimentaste la mayor alegría. Fíjate en los detalles y las sensaciones físicas, como la brisa que te refresca el rostro mientras brilla el sol. Quizás todo esto suene cursi, pero no hay que pasar por alto los detalles, advirtió Meuret. La idea no es solo recordar cómo te sentiste, sino amplificarlo y revivirlo.

Los psicólogos llaman “saborear” al proceso de identificar las emociones positivas y sumergirse en ellas.

“Cultivar el resplandor de las emociones positivas”, en palabras de LaFreniere, refuerza el recuerdo de estas e incrementa la motivación para buscarlas en el futuro. Saborear también ayuda a contrarrestar la tendencia, tan humana, a enfocarse y recordar los aspectos negativos de algo: alguien que llegó 15 minutos tarde, algo que desearías no haber dicho. 

Otras formas de sacar más jugo a los sentimientos positivos

Aquí tienes otros ajustes sutiles pero poderosos que puedes hacer para alimentar una mentalidad positiva.
  • Amplía tu vocabulario de la alegría: a muchos de nosotros nos cuesta etiquetar nuestras emociones positivas más allá de “bien”, “bueno” o “genial”. Sin embargo, las investigaciones sugieren que encontrar más palabras para describir esos sentimientos puede validarlos e intensificarlos, explicó Meuret. Cuando reflexiones sobre cómo te ha hecho sentir algo, intenta ser preciso y utiliza palabras como “sereno”, “eufórico”, “jubiloso”, “encantado” o “inspirado”.
  • Comparte tus mejores momentos: piensa en los detalles que sueles mencionar cuando te preguntan por tu día o por un viaje reciente. Desahogarse puede ser tentador, pero transmitir lo que te ha hecho más feliz puede hacerte sentir mejor, contagiar esa felicidad a otra persona e incluso reforzar un vínculo, dijo Charlie Taylor, profesor asociado de psiquiatría de la Universidad de California en San Diego, quien investiga la sensibilidad a la recompensa social.
  • Encuentra el lado bueno de las cosas: Taylor dijo que, con la práctica, es posible darse cuenta de los aspectos positivos que esconden las cosas que a primera vista podríamos considerar negativas. Por ejemplo, si invitas a tus compañeros de trabajo a una reunión y solo llega una persona, podrías considerarlo un fracaso. Pero el lado positivo, explicó, es que tuviste la oportunidad de conocer mejor a esa persona.
  • Anticipa futuras victorias: si mirar el calendario te produce pavor, Meuret dijo, elige algún acontecimiento que se aproxime y piensa en el mejor resultado posible. Si estás cansado y quieres cancelarle al amigo con el que te quedaste de ver para hacer ejercicio, imagina una clase especialmente estimulante. Imagina cómo se sonríen de un extremo al otro de la habitación, orgullosos. El uso de imágenes puede fomentar la motivación y prepararte para experiencias más edificantes, explicó Meuret.
Permítete sentirte feliz

También ten en cuenta que a veces es normal sentirse incómodo con los sentimientos placenteros, sobre todo si sufres depresión o ansiedad.

“Algunas personas pueden sentirse vulnerables cuando se permiten sentirse bien”, explicó LaFreniere. La preocupación puede hacernos sentir que estamos preparados para responder a las amenazas, pero al prepararnos constantemente para el desastre, señaló, nos perdemos la felicidad que tenemos ante nosotros en este momento.

En mi reciente viaje de fin de semana con mis hijos, permitirme divertirme fue un reto. Pero compartir unos malvaviscos tostados con chocolate y galleta junto al océano me dio un placer prolongado. Me aseguré de hacer una pausa y saborear los mejores momentos, como cuando unos floristas nos regalaron puñados de hortensias y rosas de un arco de boda que estaban desmontando junto a la playa. Sentí olas de tristeza durante el viaje, pensando en la amiga que había perdido, pero dejarme llevar por el amor y la levedad me ayudó a encontrar de nuevo el equilibrio.

“La verdad es”, dijo LaFreniere, “que a veces necesitamos comportarnos como personas felices si realmente queremos serlo”."
 
 

Jenny Taitz es psicóloga clínica y profesora clínica adjunta de psiquiatría en la Universidad de California en Los Ángeles. Su libro más reciente es Stress Resets: How to Soothe Your Body and Mind in Minutes. Más de Jenny Taitz
 
 

sábado, 2 de agosto de 2025

NYT Pensar se está convirtiendo en un lujo


Mi amigo Jorge Moncayo comparte un artículo del NYT. 

Pensar se está convirtiendo en un lujo


"Cuando era una niña, en la década de 1980, mis padres me enviaron a una escuela Waldorf en Inglaterra. En esa época, la escuela desaconsejaba a los padres que permitieran a sus hijos ver demasiada televisión y, en cambio, les decían que hicieran hincapié en la lectura, el aprendizaje práctico y jugar al aire libre.

En aquel momento me molestó esta restricción. Pero quizá tuvieran razón: hoy no veo mucha televisión y sigo leyendo mucho. Sin embargo, desde mi época en la escuela, se ha impuesto una forma de tecnología mucho más insidiosa y tentadora: internet, sobre todo a través de los teléfonos celulares. Hoy sé que tengo que guardar el teléfono en una gaveta o en otra habitación si necesito concentrarme durante más de unos minutos.


Desde que hace aproximadamente un siglo se inventaron los llamados tests de inteligencia, hasta hace poco, las puntuaciones internacionales de coeficiente intelectual (CI) subían de manera constante en un fenómeno conocido como efecto Flynn. Pero hay pruebas de que nuestra capacidad para aplicar ese poder cerebral está disminuyendo. Según un informe reciente, las puntuaciones de alfabetización de los adultos se nivelaron y empezaron a descender en la mayoría de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en la última década, y algunos de los descensos más dramáticos se observaron entre los más pobres. Los niños también muestran una alfabetización decreciente.

En un artículo publicado en el Financial Times, John Burn-Murdoch lo relaciona con el auge de una cultura postalfabetizada en la que consumimos la mayor parte de los medios a través de los celulares, evitando los textos densos en favor de las imágenes y los videos cortos. Otras investigaciones han asociado el uso de celulares con los síntomas del trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) en adolescentes, y una cuarta parte de los adultos estadounidenses encuestados sospechan ahora que podrían padecer esta condición. Los profesores de escuelas y universidades asignan menos libros completos a sus alumnos, en parte porque son incapaces de completarlos. Casi la mitad de los estadounidenses leyeron cero libros en 2023.

La idea de que la tecnología está alterando nuestra capacidad no solo de concentración, sino también de lectura y razonamiento, está calando. Sin embargo, la conversación para la que nadie está preparado es cómo esto puede estar creando otra forma de desigualdad.

Piensa en esto comparándolo con los patrones de consumo de comida basura: a medida que las chucherías ultraprocesadas se han hecho más accesibles e inventivamente adictivas, las sociedades desarrolladas han visto surgir una brecha entre quienes tienen los recursos sociales y económicos para mantener un estilo de vida sano y quienes son más vulnerables a la cultura alimentaria obesogénica. Esta bifurcación tiene una fuerte influencia de clase: en todo el Occidente desarrollado, la obesidad se ha correlacionado fuertemente con la pobreza. Me temo que lo mismo ocurrirá con la marea de la postalfabetización.

La alfabetización a largo plazo no es innata, sino que se aprende, a veces laboriosamente. Como ha ilustrado Maryanne Wolf, académica de la alfabetización, adquirir y perfeccionar una capacidad de “lectura experta” de formato largo altera literalmente la mente. Reconfigura nuestro cerebro, aumenta el vocabulario, desplaza la actividad cerebral hacia el hemisferio izquierdo analítico y perfecciona nuestra capacidad de concentración, razonamiento lineal y pensamiento profundo. La presencia de estas características a escala contribuyó a la aparición de la libertad de expresión, la ciencia moderna y la democracia liberal, entre otras cosas.

Los hábitos de pensamiento formados por la lectura digital son muy diferentes. Como muestra Cal Newport, experto en productividad, en su libro de 2016, Céntrate, el entorno digital está optimizado para la distracción porque diversos sistemas compiten por nuestra atención con notificaciones y otras exigencias. Las plataformas de las redes sociales están diseñadas para crear adicción, y el mero volumen de material incentiva intensos “bocados” cognitivos de discurso calibrados para la máxima compulsividad por encima del matiz o el razonamiento reflexivo. Los patrones de consumo de contenidos resultantes nos forman neurológicamente para hojear, reconocer patrones y saltar distraídamente de un texto a otro, si es que acaso utilizamos nuestros teléfonos para leer.

Cada vez más, el acto mismo de leer apenas parece necesario. Plataformas como TikTok y YouTube Shorts ofrecen una fuente inagotable de fascinantes videos cortos. Estos se combinan con memes visuales, noticias falsas, noticias reales, ciberanzuelos, desinformación a veces hostil y, cada vez más, un torrente de contenido basura generado por inteligencia artificial. El resultado es un entorno mediático que parece el equivalente cognitivo del pasillo de la comida basura y al que es tan difícil resistirse como a esos coloridos y poco saludables empaques de golosinas.

Un liberal clásico podría replicar: claro, pero al igual que con la comida basura, depende del individuo tomar decisiones saludables. Sin embargo, lo que esto no tiene en cuenta es que, al igual que los efectos negativos sobre la salud del consumo excesivo de comida basura, los daños cognitivos de los medios digitales serán más pronunciados en la parte inferior de la escala socioeconómica.

Ya estamos viendo indicios de eso. Como señala Wolf, desde hace mucho tiempo la alfabetización y la pobreza están correlacionadas. Ahora los niños pobres pasan más tiempo al día frente a las pantallas que los ricos: en un estudio de 2019, cerca de dos horas más al día para los preadolescentes y adolescentes estadounidenses cuyas familias ganaban menos de 35.000 dólares al año, en comparación con sus compañeros cuyos ingresos familiares superaban los 100.000 dólares anuales. Las investigaciones indican que los niños que están expuestos a más de dos horas al día de tiempo de pantalla recreativo tienen peor memoria de trabajo, velocidad de procesamiento, niveles de atención, habilidades lingüísticas y función ejecutiva que los niños que no lo están.

Sin rodeos: tomar decisiones cognitivas saludables es difícil. En una cultura saturada de formas de entretenimiento más accesibles y absorbentes, la alfabetización prolongada puede convertirse pronto en dominio de subculturas de élite.

Las élites, los grupos religiosos y los conservadores ya están adoptando límites autoimpuestos al uso de la tecnología. Entre 2019 y 2023, se abrieron en Estados Unidos más de 250 nuevas escuelas clásicas, muchas de ellas cristianas, con una ética centrada en la alfabetización de “grandes libros” de formato largo. Abundan las nuevas guías e iniciativas de esta multitud, como el reciente libro The Tech Exit: a Practical Guide to Freeing Kids and Teens From Smartphones, de Clare Morell, miembro de un grupo de reflexión conservador.

No solo se trata de conservadores. Figuras notables de la tecnología como Bill Gates y Evan Spiegel han hablado públicamente de frenar el uso de pantallas de sus hijos. Otros contratan niñeras a las que exigen que firmen contratos de “no teléfono”, o envían a sus hijos a escuelas Waldorf, donde esos dispositivos están prohibidos o fuertemente restringidos. Aquí la tijera de la clase social está muy afilada: la mayoría de las escuelas clásicas son instituciones de pago. Proteger a tus hijos del uso excesivo de dispositivos en la Escuela Waldorf de la Península te costará 34.000 dólares al año en los cursos de primaria.

Muchos estados de Estados Unidos, entre ellos California, están restringiendo el uso de celulares por parte de los alumnos, lo que en teoría debería igualar las condiciones. Pero es optimista suponer que esas normas se aplicarán con la misma determinación en las escuelas privadas de salones pequeños con menos estudiantes que en las escuelas públicas masivas, por no hablar de los hogares de estos estudiantes.

Incluso más allá de Silicon Valley, algunas personas limitan la estimulación digital (como las redes sociales o los videojuegos) durante periodos de tiempo determinados como parte de la práctica de superación personal del ayuno de dopamina.

El enfoque ascético de la salud cognitiva sigue siendo un nicho y se concentra entre los ricos. Pero a medida que las nuevas generaciones lleguen a la edad adulta sin haber vivido nunca en un mundo sin celulares, podemos esperar que la cultura se estratifique cada vez más. Por un lado, un grupo relativamente pequeño de personas conservará, y desarrollará intencionadamente, la capacidad de concentración y razonamiento de larga duración. Por otro, una población general más amplia será efectivamente postalfabeta, con todas las consecuencias que ello implica para la claridad cognitiva.

¿Qué ocurrirá si esto se cumple plenamente? Un electorado que ha perdido la capacidad de pensar largo y tendido será más tribal, menos racional, en gran medida desinteresado por los hechos o incluso por los registros históricos, estará más movido por las vibraciones que por argumentos convincentes y más abierto a ideas fantásticas y extrañas teorías conspirativas. Si esto te resulta familiar, puede ser una señal de lo lejos que ha llegado Occidente por este camino.

Para los operadores astutos, una población así ofrece nuevas oportunidades de corrupción. Los oligarcas que traten de moldear la política en su beneficio se beneficiarán del hecho de que pocos tendrán la capacidad de atención necesaria para seguir o cuestionar políticas en campos aburridos y técnicos; ahora lo que la mayoría quiere no es una investigación forense, sino un nuevo video corto que “humille” a la otra tribu. Podemos esperar que la clase gobernante se adapte pragmáticamente al declive colectivo de la capacidad racional del electorado, por ejemplo, conservando los rituales asociados a la democracia de masas, al tiempo que desplaza discretamente las áreas políticas clave fuera del alcance de una ciudadanía caprichosa y fácilmente manipulable. Yo no celebro esto, pero nuestra juventud nativa de la red parece no inmutarse: las encuestas internacionales muestran un apoyo decreciente a la democracia entre la Generación Z.

Para que quede claro, no hay razón para que la oportunidad de marginar al electorado o de arbitrar la brecha entre las vibraciones y la política favorezca especialmente al equipo republicano o al demócrata. Este mundo postalfabetizado favorece a los demagogos que saben cambiar entre el lenguaje político de la élite y el lenguaje populista de los memes. Favorece a los oligarcas con destreza en las redes sociales y a los que tienen más seguridad en sí mismos que integridad. No favorece a los que tienen poco dinero, poco poder político y nadie que hable en su nombre."


Mary Harrington es una periodista radicada en el Reino Unido. Es redactora colaboradora de UnHerd y autora de Feminism Against Progress y el libro de próxima publicación, The King and the Swarm.

 

Existen algunos artículos sobre el tema, comparto:
 

"Hace décadas confiábamos en nuestra memoria para recordar numeros de teléfono, usábamos reglas aritméticas manualmente, tablas logarítmicas, o incluso mecánicas de cálculo.

Pero una pregunta persiste:

¿Hasta qué punto la tecnología nos libera o nos empobrece cognitivamente?.... ¿Nos estamos haciendo obsoletos?
 


El fenómeno del deskilling (descenso de habilidades)

El término deskilling describe cómo la dependencia excesiva en herramientas - desde robots en líneas de producción hasta la IA - puede erosionar nuestras capacidades profesionales. Hoy, este riesgo se traslada a nuestras habilidades de pensamiento crítico, memoria, creatividad y juicio. ¿Será que no solo nuestra estabilidad cognitiva esta en riesgo y estamos empezando a confiar en la IA y otras tecnologías ciegamente?

Según un estudio de la UNSW Business School, el uso intensivo de IA está relacionado con una menor capacidad de razonamiento a largo plazo. El profesor Frederik Anseel advierte: ( Información detalladas en Fuente 1)

  1. “El riesgo más reciente es que la IA socave habilidades básicas, llamandolo skill decay...”
  2. “Para quienes han dedicado miles de horas a la escritura, el análisis y la lectura, la IA es una herramienta fantástica, un cerebro auxiliar que les permite ser diez veces más productivos. Pero ¿y si nunca hubieran tenido esa práctica? ¿Y si escribir textos con ChatGPT se volviera tan natural que ya no escribieran?”.
  3. "A medida que delegamos más funciones cognitivas a la inteligencia artificial, corremos el riesgo de dejar de ejercitar habilidades fundamentales como el pensamiento crítico, la escritura clara, el análisis y la lectura profunda."
  4. "Para quienes están en formación o en etapas tempranas de su carrera, usar IA sin conciencia puede obstaculizar el desarrollo de habilidades esenciales."

Creamos realidades personales bajo la definición de conversaciones personales / colectivas y si dejamos de escribir y leer confiando en lo que nos dice una tecnología... ¿que pasará?... Si una máquina escribe por nosotros, ¿Seremos conscientes de lo que realmente pensamos?

A nivel humano existe una tendencia a seguir lo que escuchamos, lo que creemos cierto, lo que de alguna forma resuena con nosotros, o lo que se va formando con inteligencia colectiva, es un proceso de consciencia plena el escuchar nuestros propios pensamientos, ideales... ¿Y si exponencialmente la IA piensa por nosotros? esos espacios de conexión personal y con nuestros pensamientos podrían resultar más complejos si no hacemos un uso consciente de la IA.
 

 


El CEO de Mistral AI, Arthur Mensch, coincide en algunos puntos importantes de este debate: ( Información detalladas en Fuente 2)

  1. “El mayor riesgo con la IA no es que reemplace empleos: es que nos vuelva demasiado cómodos, dependientes y, en última instancia, demasiado perezosos para pensar o actuar por nosotros mismos.”
  2. “Cuando las máquinas lo hacen todo por nosotros, corremos el riesgo de perder el impulso de aprender, adaptarnos e innovar. El peligro no es que la IA tome el control, sino que dejemos de intentarlo”
  3. “Enfatiza la importancia de mantener a los humanos activamente involucrados en revisar y criticar los resultados de la IA para preservar el aprendizaje y las capacidades analíticas.”

Sin duda estamos en un momento donde es necesario que los procesos de aprendizaje cambien, en donde nuestro enfoque de agregación de valor en nuestras relaciones personales y de trabajo se cuestión en cuando estamos usando IA y será un momento de inflexión en la sociedad.

Investigaciónes recientes

1.AI Tools in Society: Impacts on Cognitive Offloading and the Future of Critical Thinking: (octubre 2024 a enero 2025) Se realizo un estudio con 666 participantes reveló una correlación negativa fuerte (r: –0.68) entre el uso frecuente de herramientas de IA y las habilidades de pensamiento crítico . Al mismo tiempo, la delegación cognitiva (o cognitive offloading) aumentaba con la frecuencia de uso. En términos mas sencillos : confiamos más y pensamos menos. Correlación negativa: indica que a medida que aumenta una variable, la otra disminuye. En este caso: cuanto más frecuentemente se usa la IA, menor es el nivel de pensamiento crítico observado en los participantes. Este resultado puede hacernos pensar en que:

Las personas que usan muy frecuentemente herramientas de IA (como ChatGPT, copilots, asistentes de escritura, etc.) tienden a pensar menos críticamente por sí mismas.
Podrían estar delegando su juicio, análisis o cuestionamiento profundo, confiando demasiado en lo que la IA entrega sin cuestionarlo ni contrastarlo.
Podremos perder capacidades cognitivas y habilidades humanas si no usamos conscientemente estas herramientas.

2. Investigación del MIT ( Instituto Tecnológico de Massachusetts): (Abril 2025) En un experimento con 54 participantes que escribieron sin y con IAGenerativa. Los que usaron IA presentaron menor actividad cerebral y menos creatividad. Hubo baja retención del contenido y dificultad para recuperar lo escrito, es decir luego del ejercicio, cuando se les pidió que explicaran o recordaran lo que habían creado, tuvieron problemas para reconstruir las ideas, argumentar o incluso parafrasear lo generado por la IA. Definieron el fenómeno como “metacognitive laziness” o pereza metacognitiva.

El “imperativo humano”: equilibrio con propósito
 
Entonces, ¿cómo aprovechamos la IA sin perder lo que nos hace humanos?... ¿deseamos quedar obsoletos o parar con esta posible realidad a futuro?

  1. Diseña IA que desafíe, no que responda: herramientas IA que pregunten antes de entregar, promoviendo reflexión .
  2. Sistema de revisión humana obligatorio: antes de enviar, pregunta: ¿entiendo esto? ¿Lo puedo argumentar?
  3. Reserva momentos “sin IA”: como en tiempos de teléfonos físicos y concursos mentales. Ejercita memoria, cálculo manual o brainstorming sin pantallas.
  4. Potencia habilidades esenciales: pensamiento crítico, juicio ético, creatividad en el contexto de generar ideas , soluciones y expresiones originales y útiles que están conectadas con el entorno que conocemos y vivimos sin ayuda de asistentes, aumentar nuestra capacidad de síntesis, escribir sin IA, hacer cálculos manuales, leer sin ayuda de herramientas automáticas, reflexionar antes de delegar nuestras actividades a herramientas IA y conectar con todo aquello que nos apasiona de manera genuina para potenciar nuestras capacidades autenticas.


Llamado a líderes y estrategas

No basta con adoptar IA: hay que hacerlo con intención estratégica y auto-cuidado cognitivo.

Las organizaciones que escalen tecnología sin fortalecer cultura y mente humana perderán su verdadera ventaja: su capacidad de innovación y adaptación.

Siento como parte de mi propósito personal acompañar equipos a diseñar esa human+AI inteligente, empática y adaptativa, donde la tecnología potencia, no anula, nuestra inteligencia.

Te invito a reflexionar con este desafío:

¿Cómo equilibras estos avances con tu bienestar intelectual y salud mental?

¿Qué prácticas puedes implementar hoy para proteger lo más valioso: nuestra mente?

Porque el futuro del trabajo no es entre humano o máquina. Es humano y máquina.

Y depende del equilibrio que decidamos construir de manera consciente."
 

 

Etna Estrella

Gestión y Planificación Tecnológica, Agility Coach, Consultora de Cambio Organizacional y Transformación Digital en contextos de agilidad e innovación.


 



"La lectura no es una habilidad con la que nacemos: son circuitos cerebrales que la humanidad tardó miles de años en desarrollar y perfeccionar. Decodificar letras, símbolos y significados transformó nuestros cerebros y creó algo que no existía cuando surgió nuestra especie. 
 
La neurocientífica Maryanne Wolf, autora del libro “El cerebro lector”, profundiza sobre este tema y advierte que nuestra capacidad de lectura profunda está en riesgo debido a nuestros hábitos digitales. 
 
En este video te contamos cómo la lectura transforma nuestro cerebro y qué riesgos pueden surgir debido al exceso de la pantallas...."

 
En primera persona
 
Jorge está disfrutando de una temporada en la playa en Same, Esmeraldas, playa sin presencia de viajeros.

 





Saludamos en Quito, en julio 2025 en el IESS, realizando un trámite para el pago de nuestra liquidación en la UCE.


 

martes, 28 de diciembre de 2021

Fiestas de santos inocentes 2021

 


(Una tradición que está desapareciendo con el tiempo).

“Payaso que no valís, a tu mama te parecís, con los chochos en la nariz y un poquito de capulís…” gritaban los guambras y de inmediato se escondían en los portales, para no ser identificados por aquel payaso que los caía a chorizazos…

Eran las figuras infaltables en las fiestas de Inocentes.

En los años 40 y 50 los “inocentes” se festejaban en Quito en las plazas Belmonte y Arenas, aunque los indígenas que habitaban la ciudad no entraban allí, y continuaban haciendo sus festejos en las calles.

Los Payasos eran los preferidos porque toparse con ellos y eludirlos a la carrera sin recibir el “chorizazo” era un arte; y cuando los “guambras” lograban rodearlos gritaban hasta quedar roncos:

“Payasito la lección
de la esquina de la estación”

Y el disfrazado, fingiendo una voz aguardientosa recitaba coplas y versos picarescos que hacía reír a los presentes:

”Las Mujeres de este tiempo
son como el alacrán,
apenas ven al hombre sin plata,
alzan la cola y se van”

“Cuando te vas a bañar,
no te metas muy al hondo,
no te vayas a olvidar
de los ponchitos al hombro”.


No faltaba algún muchacho que nuevamente gritaba “payasito la lección tu mamita sin calzón en la esquina de la estación” carcajadas de los asistentes, el payaso que salía en busca del muchacho.

Los festejos por Inocentes (así como los del Carnaval) también eran acompañados por variados licores, como un famoso preparado a base de puntas de Calacalí y también el “Guagua Montado” o Flores de Barril, bebidas “espirituosas”, que al final son las que daban calor a todo festejo...

Los Inocentes, conforme el rito religioso, se iniciaban el 28 de diciembre y concluían el 6 de enero, en la Fiesta de Reyes. Esos días los bailes de disfraces y máscaras, los juegos de Azar, las Ruletas y la Rifas eran el pan de cada día…

Especial Interés tenía el baile de fin de año, celebración para construir el nuevo año y despedir al que moría, representado en las hasta hoy afamadas figuras de los “años viejos” o monigotes, sobre todo de sátira política, elaborados con papel, ropas viejas, o aserrín y que se queman precisamente la noche del 31 de diciembre, acompañados por las “viudas” que durante el día solicitan limosnas “para el viejito” casi en cada esquina de Quito.

Hacer un “año viejo” era el resultado de una acción familiar o del grupo de amigos. Una ocasión para las reuniones amenas, llenas de dichos y alegrías. Vestir al muñeco, imaginar la escena, colocarle una careta, etc. incluso demandaba algún costo que era necesario cubrirlo colectivamente, aunque fuera poco.

El asunto era participar comunitariamente y divertirse, a punto de dejar lista la burla sobre todo contra los políticos de turno…

Para conseguir la limosna las “viudas” inventaban algún lloriqueo alhaja, porque si no satisfacía a los transeúntes, estos negaban la “limosna” que iba desde un medio (5 centavos) hasta dos reales (20 centavos) cantidades que por entonces bien podían representar una alegre “fortuna”…

La repartición de lo recaudado se hacía a las ocho de la noche, porque para ese tiempo, eso era trasnocharse.

Los familiares y amigos, sobre todo jóvenes, no podían recibir más de cinco sucres, aunque su tarro estuviera lleno de medios, reales y pesetas, porque de las ganancias había que descontar las inversiones y también financiar la asistencia de los mayores a los bailes de máscaras en las plazas Belmonte y Arenas.

Tampoco podemos olvidar los bailes organizados en. el hotel centenario, el Majestic, en el Niza del chagra Ramos, en la casa azul de los Torres, o en las huecas del flaco Quintana.

La mamá miche Bolaños con sus caldos de la Guayaquil y Mejía, o los del Castrillón. La resbaladera, o la casa de chicha dulce, lugares, donde se reunían para disfrazarse y salir a algún hotel o si era de arroz quebrado, a la plaza del Guarderas nomás.

Los Inocentes era un festejo popular en el que el ingenio se hacía presente a través de coplas y versos que corrían de boca en boca; el baile lo disfrutaban al compás de un conjunto musical.

Payasos, arlequines, colombinas, osos, diablos, charros, bolsiconas, eran los disfraces más tradicionales, Las vestimentas eran elaboradas con mucho detalle con olor a naftalina que desprendía las prendas que permanecían en grandes baúles, la mayor parte del año. Todos llevaban el rostro cubierto y si alguien le pedía un “aguinaldo” fingiendo la voz recitaba un verso. Si era descubierto debía pagar el aguinaldo, que casi siempre era una farra.


Fuente: Artículos publicados por “Últimas Noticias” y varios periódicos de la capital. Compilador Anónimo

"De ese ayer, nuestra generación ya no vio muchos de esos detalles. Algunos se perdieron, otros cambiaron. Se adaptaron a los nuevos tiempos.

Pero en mis recuerdos perduran imágenes vívidas y coloridas de mis hermanos, primos mayores y sus amigos disfrazados de payasos y diablos. Y los mocosos, nosotros, corriendo y evadiendo, sin suerte casi siempre, tremendos chorizazos.

También conocimos el "medio". Cinco centavos. Con uno de esos podía comprar un buen "manojo" de caramelos granizo o arroz de colores.

La gavilla de chiquitines arrastrando retazo de sol del bosque y ramas de eucalipto para "armar el viejo".

No quiero recordar más. Todo eso es un sueño perdido en el tiempo y que no volverá. Todo es tan diferente. Este maldito virus. Todo ha cambiado. Una espesa neblina lo cubre todo."

Autor Anónimo




Esto también pasará y volveremos a reunirnos.

Recuerdo en Ibarra los eventos por inocentes en el Coliseo Dávila (calle Oviedo entre Sánchez y Cifuentes) que luego se trasladaron al Coliseo Luis Leoro Franco.

Asistíamos en familia y las comparsas eran muy imaginativas, teníamos un compromiso de asistir al menos un día.