jueves, 18 de junio de 2026

Reunión de traje

  


 

 
 
 
 
 
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
   
Un musical saludo.

Comparto tema que lo recibí en formato audio lo bauticé como: Reunión de traje de autor Anónimo, lo subí en plataforma #SoundCloud.

Si conoce al autor y nombre del tema, por favor su ayuda para actualizar.

Para hacer la publicación ubicaba un imagen de amigos reunidos, lo pensé mejor y utilicé algunas con los amigos, por supuesto falta: la familia, amigos,...
 

 
 
 


 
 
 
 
 
 
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
"Amigo, amiga te invito
 a una reunión de traje
 
Trae un café sin cafeína, 
una taza de leche deslatozada y fina

Un chocolate sin azúcar, por favor 
Un pancito sin gluten, pero con sabor
Y una chela sin alcohol para brindar 
Porque mañana la presión hay que cuidar

Ay, que tiempos aquellos de juventud 
Comíamos de todo con gran actitud
Churrascos, ceviches y chicharrón 
Dándole rienda suelta, corazón

Somos de la misma generación 
Que hoy el cuerpo nos protesta un montón
Hoy revisamos el colesterol, la glucosa 
El hígado y el corazón, reciente cualquier cosa 
 
Antes el picante era un gran placer
Ahora el gastrólogo tiene que proceder 
Tomar que salte carronera felicidad
Hoy los vemos de lejos con curiosidad
 
Brindemos con agua natural 
Que la amistad sigue siendo especial
Tal vez el cuerpo cambió de estación 
Pero el alma sigue en revolución
 
Y aunque el menú parezca hospital 
La risa sigue siendo fundamental
Porque en el fondo para bien o para mal 
Seguimos jóvenes en versión digital"
 

Transcriptor de audio a texto: turbotranscribeia






 



Referencia fotografías


Cuando puedo, me reúno con los amigos.

 


LA EDAD EN QUE EL TIEMPO SE SIENTA A LA MESA.

"Existe una etapa de la vida en la que el espejo empieza a tratarnos con una sinceridad casi ofensiva.

El cabello se va retirando discretamente. Las rodillas comienzan a emitir boletines sonoros. La memoria, a veces, decide jugar al escondite precisamente con el nombre de esa persona que acabamos de encontrar en el supermercado.

Y también está el fenómeno más cruel de todos: levantarse de la silla soltando un “¡opa!” involuntario… como si la columna necesitara una autorización verbal para funcionar.

Pero tal vez haya una belleza secreta en todo eso.

Porque, mientras el cuerpo va negociando lentamente sus límites con el tiempo, el alma —curiosamente— empieza a hacerse más grande.

Más generosa. Más paciente. Más humana.

Llega una edad en la que ya no necesitamos ganar discusiones inútiles. Ni demostrar inteligencia. Ni competir por importancia. La vida finalmente nos enseña que ciertos trofeos pesan más de lo que valen.

Entonces empezamos a cambiar la prisa por la presencia.

Y eso lo cambia todo.

El café deja de ser solo café. Se convierte en ceremonia. En encuentro. En una excusa para conversar sin mirar el reloj.

Las amistades antiguas adquieren un brillo especial.

Porque han sobrevivido a las décadas, a los desencuentros, a los cambios, a las pérdidas, a la terquedad e incluso a las opiniones políticas: un milagro estadísticamente improbable para los hombres mayores de setenta años… especialmente en los grupos de WhatsApp.

Y el amor… Ah, el amor también cambia.

Ya no necesita incendiar el mundo. Basta con calentar el corazón.

A veces llega en forma de un mensaje sencillo: “¿Estás bien?”

Y listo. Eso ilumina el día entero.

También descubrimos que la aventura, en la madurez, ha adquirido nuevos significados.

Dormir toda la noche sin despertarse dos veces para ir al baño se ha convertido casi en una experiencia trascendental. Encontrar un examen médico con todos los valores normales provoca una emoción similar a la de ganar una Copa del Mundo. Y viajar sin olvidar los medicamentos ya puede considerarse un acto de audacia internacional.

Pero hay algo profundamente épico en seguir viviendo con ternura a pesar de todo.

A pesar de las ausencias.

A pesar de las despedidas.

A pesar de los amigos que se fueron demasiado pronto y dejaron sillas vacías en nuestras mesas y silencios difíciles de explicar.

Y aun así… seguimos organizando encuentros.

Planeando viajes. Riéndonos de las mismas historias.

Inventando motivos para celebrar cumpleaños.

Plantando lapachos blancos en algún rincón de la memoria.

Tal vez sea eso lo que sostiene al mundo sin que nos demos cuenta: hombres y mujeres comunes que insisten delicadamente en seguir amando la vida.

Porque envejecer no es desaparecer.

Es disminuir el ruido exterior para escuchar mejor lo esencial.

Es descubrir que quizá la felicidad nunca fue una línea de llegada. Era simplemente aquella buena conversación después del almuerzo… la llamada inesperada… el abrazo prolongado… el amigo que todavía recuerda tu apodo de juventud… y la mesa donde alguien siempre guarda un lugar para ti.

Al final de cuentas, tal vez la gran victoria de la madurez sea esta:

aprender que la vida ya no necesita correr.

Ahora puede simplemente… sentarse con nosotros a la mesa.

Patricia Aguirre." 





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