Pedro Junco y la trágica historia de amor detrás de Nosotros (+ 3 versiones de leyenda)
"Entre los boleros cubanos más famosos de todos los tiempos se encuentra «Nosotros», del pianista y compositor Pedro Junco. El tema musical que ha sido interpretado por innumerables cantantes de todo el mundo esconde una trágica historia de amor.
Pedro Buenaventura Jesús Junco Redondo, Pedro Junco, nació en Pinar del Río el 22 de febrero de 1920. Desde niño se sintió atraído por la música y tomó clases de piano con la profesora Estrella Pintado antes de pasar a estudiar al Conservatorio Orbón de su ciudad natal en el que obtuvo el título de maestro de piano a los 19 años.
Se trasladó entonces a La Habana para estudiar la carrera de Derecho en la Universidad de La Habana, pero el pentagrama le atraía más que la toga y abandonó la Colina para dedicarse por completo a la música.
Como era costumbre en la época se presentó en varios concursos radiales en los que ganó cierto reconocimiento y dio a conocer sus obras. También trabajó como locutor en la emisora CMAB de Pinar del Río y ofreció recitales con sus canciones junto a su hermana Antonia Junco.
El compositor pinareño pasaría a la inmortalidad y se convertiría en una leyenda popular gracias al tema «Nosotros», que estrenó el 16 de enero de 1942 en el Teatro Aida de Pinar del Río en la voz de Tony Chirolde.
Nosotros y Pedro Junco
«Nosotros» se convirtió de inmediato en un éxito arrollador que se disputaban todas las emisoras de radio.
Pedro Buenaventura Jesús Junco Redondo, Pedro Junco, nació en Pinar del Río el 22 de febrero de 1920. Desde niño se sintió atraído por la música y tomó clases de piano con la profesora Estrella Pintado antes de pasar a estudiar al Conservatorio Orbón de su ciudad natal en el que obtuvo el título de maestro de piano a los 19 años.
Se trasladó entonces a La Habana para estudiar la carrera de Derecho en la Universidad de La Habana, pero el pentagrama le atraía más que la toga y abandonó la Colina para dedicarse por completo a la música.
Como era costumbre en la época se presentó en varios concursos radiales en los que ganó cierto reconocimiento y dio a conocer sus obras. También trabajó como locutor en la emisora CMAB de Pinar del Río y ofreció recitales con sus canciones junto a su hermana Antonia Junco.
El compositor pinareño pasaría a la inmortalidad y se convertiría en una leyenda popular gracias al tema «Nosotros», que estrenó el 16 de enero de 1942 en el Teatro Aida de Pinar del Río en la voz de Tony Chirolde.
Nosotros y Pedro Junco
«Nosotros» se convirtió de inmediato en un éxito arrollador que se disputaban todas las emisoras de radio.
Atiéndeme, quiero decirte algo
que quizás no esperes, doloroso tal vez.
Escúchame que aunque me duele el alma,
yo necesito hablarte... y así lo haré
Nosotros, que fuimos tan sinceros
y desde que nos vimos
amándonos estamos.
Nosotros, que del amor hicimos
un sol maravilloso,
romance tan divino
Nosotros, que nos queremos tanto
debemos separarnos,
no me preguntes más.
No es falta de cariño,
te quiero con el alma;
te juro que te adoro
y en nombre de este amor
y por tu bien,
te digo adiós...
Al rotundo de «Nosotros» éxito contribuyó sin dudas la prematura muerte de Pedro Junco, acaecida poco más de un año del estreno del bolero, y la personal historia de amor que según cuentan inspiró al compositor pinareño:
Durante su adolescencia, que fue tórrida y bohemia, Pedro Junco contrajo tuberculosis, una enfermedad entonces mortal que terminó por arrebatarle la vida el 25 de abril de 1943. Un par de años antes, el pianista y compositor había conocido a una bella joven de acaudalada familia de la que se enamoró perdidamente.
La familia de la muchacha, al conocer la enfermedad de Pedro se opuso tajantemente a la relación, pero, aún así, la pareja encontró el modo de vivir un romance tan escondido como intenso. El músico, sin embargo, sabía que tenía un pie en la tumba y decidió terminar la relación aislándose en un la Clínica Damas de la Covadonga en el Vedado.
Escribió triste Pedro Junco a una amiga mientras buscaba la forma de contarle lo que pasaba a su amada.
Como sabía que el padre de su novia revisaba toda la correspondencia que a ella llegaba, convirtió la carta que le había escrita comunicando la decisión en un bolero y le pidió a un amigo común que la cantara por la radio. Al oír la canción, la joven se escapó de la casa y viajó de La Habana a Pinar del Río para despedirse de su amor, sólo para descubrir desesperada que Pedro Junco había muerto horas antes de su llegada."
Durante su adolescencia, que fue tórrida y bohemia, Pedro Junco contrajo tuberculosis, una enfermedad entonces mortal que terminó por arrebatarle la vida el 25 de abril de 1943. Un par de años antes, el pianista y compositor había conocido a una bella joven de acaudalada familia de la que se enamoró perdidamente.
La familia de la muchacha, al conocer la enfermedad de Pedro se opuso tajantemente a la relación, pero, aún así, la pareja encontró el modo de vivir un romance tan escondido como intenso. El músico, sin embargo, sabía que tenía un pie en la tumba y decidió terminar la relación aislándose en un la Clínica Damas de la Covadonga en el Vedado.
«Sé que estoy condenado… y mi fin está próximo; sin embargo, qué importa eso. Si soy cristiano no tengo miedo… Estoy resignado…»
Escribió triste Pedro Junco a una amiga mientras buscaba la forma de contarle lo que pasaba a su amada.
Como sabía que el padre de su novia revisaba toda la correspondencia que a ella llegaba, convirtió la carta que le había escrita comunicando la decisión en un bolero y le pidió a un amigo común que la cantara por la radio. Al oír la canción, la joven se escapó de la casa y viajó de La Habana a Pinar del Río para despedirse de su amor, sólo para descubrir desesperada que Pedro Junco había muerto horas antes de su llegada."
El Bolero
"Es muy cierto que el bolero es la caricia hecha música.
La Unesco acaba de considerar y calificar al bolero como intangible patrimonio cultural de la humanidad.
La poesía cruza el espacio del bolero.
Roberto Cantoral, el compositor mexicano autor de «El reloj», suplicó a las agujas que no marcaran las horas porque sentía que iba a enloquecer sabiendo que su mujer enferma podría irse para siempre…»cuando amanezca otra vez». Y fue el portorriqueño Pedro Flores quien sostuvo en «Obsesión» (1935) lo que años más tarde continúa siendo certeza absoluta: que «por alto que esté el cielo en el mundo, por hondo que sea el mar profundo no habrá una barrera en el mundo que un amor profundo no rompa por ti». Y dos años antes, la mexicana Consuelo Velásquez ardía de amor con «Bésame mucho», uno de los boleros mas célebres de esta historia.
Se sabe que el bolero surgió en Cuba. Se acepta que el primer bolero fue «Tristezas», escrito por el mulato cubano José Pepe Sánchez en Santiago de Cuba en 1883. Desde entonces, el bolero no ha dejado de invadirnos, perturbarnos, de encender nuestras pasiones, de exaltar el deseo, mitigar los desconsuelos y evidenciar que «sólo nos queda esta noche para vivir nuestro amor».
Advierto que el bolero también puede convertirnos en seres obsesivos. Nunca dejaré de mencionar al sujeto que insertó un aviso en un periódico solicitando una cocinera y puso como estricta condición que la candidata no cantara «Vereda tropical», el célebre bolero de apoteósico éxito de Gonzalo Curiel, mexicano de Guadalajara, que todos hemos cantado una y otra y otra vez.
Agustín Lara tenía físico ingrato, con cicatriz en la cara y una voz negada para el canto, pero su talante y su voz hipnotizaron al mundo por la poderosa creatividad en que se apoyaban. Aconsejó a la triste aventurera de la noche que vendiera caro su amor y estableció, desafiando el altivo comportamiento moral de su época, que «aquel que de tus labios la miel quiera que pague con diamantes tu pecado».
El «flaco de oro», como se le llamaba, creyó protegernos cuando advirtió que las noches de ronda hacen daño, causan pena y terminan por llorar y lamentó que solamente una vez se entrega el alma, solamente una vez y nada más.
Son muchas las voces que nos dejaron marcas en nuestros anhelos: José Luis Moneró, Bobby Capó, Juan Arvizu, Leo Marini, Toña la Negra, Lucho Gatica. El más famoso, tal vez, fue Pedro Vargas: cantó durante largos años hasta que los sucesivos «arreglos» del rostro terminaron momificándolo y acabó cantando «Santa» por última vez, pero con rostro perfectamente rígido y espeluznante lentitud.
Los Panchos, fue el trío más famoso en su tiempo y entre nosotros Alfredo Sadel fue un bello galán y bolerista portentoso y Rafa Galindo, apoyado por Billo Frómeta, fue dueño de una voz espléndida y seductora y en fecha más reciente el universo del bolero perteneció a Armando Manzanero, pero siempre surgirá entre las líneas melódicas del bolero una súplica: «¡Ay, amor ya no me quieras tanto!» y gracias al chileno Antonio Prieto y su encendido «Frenesí» puedo rogar o exigir a la mujer de mis sueños: «Bésame tú a mí. Bésame igual que mi boca te besó. Dame el frenesí que mi locura te dio. ¡Quién si no fui yo pudo enseñarte el camino del amor…!
“Olvídame”, imploraba José Luis Moneró con la orquesta de Rafael Muñoz, en los años cuarenta del pasado siglo, pero la mayor gloria sigue siendo el hecho de que no me preocupaba entonces y tampoco me preocupa hoy que quedara «el infinito sin estrellas y perdiera el ancho mar su inmensidad» porque insisto en mantenerme anclado en la certeza de que en la mujer que amamos el negro de sus ojos y el color canela de su piel permanecerán intactos; y para despejar cualquier incógnita imposible o impertinente increpo: «¡Mujer, si puedes tú con Dios hablar, pregúntale si yo alguna vez te he dejado de adorar!».
Salud, música y amor."
ANÓNIMO !
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