viernes, 21 de marzo de 2025

Sobre el bien y el mal…Sobre el bien y el mal…

 

 
Uno de los ancianos de la ciudad dijo: «Háblanos del bien y del mal».

Y él respondió:

«Puedo hablaros del bien que hay en vosotros, no del mal.
Porque, ¿qué es el mal sino el bien torturado por su propia hambre y por su propia sed?
En verdad que cuando el bien tiene hambre busca alimento incluso en
oscuras cavernas, y cuando siente sed bebe hasta en aguas estancadas.

»Sois buenos cuando sois uno con vosotros mismos.
Pero cuando no sois uno con vosotros mismos no sois malos.
Porque una casa dividida no es una cueva de ladrones; es sólo una casa dividida.
Y una nave sin timón puede navegar sin rumbo entre escollos peligrosos, sin hundirse.

Sois buenos cuando os esforzáis por dar de vosotros mismos.
Pero no sois malos cuando buscáis provecho para vosotros mismos.
Porque cuando lucháis por obtener provecho no sois más que una raíz que se aferra a la tierra y chupa de su seno.
La fruta no puede decir a la raíz: «Sé como yo, madura y plena, dando siempre de tu abundancia».
Porque para el fruto, dar es una necesidad, de igual modo que recibir lo es para la raíz.

»Sois buenos cuando estáis completamente conscientes de vuestras palabras.
Mas no sois malos cuando estáis dormidos y vuestra lengua tartamudea sin propósito.
E incluso un hablar vacilante puede fortalecer una lengua débil.

»Sois buenos cuando vais hacia vuestra meta con paso firme y audaz.
Pero no sois malos cuando os dirigís a ella cojeando.
Ni siquiera los que cojean retroceden.
Pero vosotros, fuertes y veloces, procurad no cojear delante de los lisiados con intención de mostrar delicadeza.

»Sois buenos de muchas maneras, pero no sois malos cuando no sois buenos.
Sois en ese momento perezosos, indolentes.
Lástima que los ciervos no puedan enseñar su velocidad a las tortugas.
En vuestro anhelo por un yo superior descansa vuestro bien, y ese anhelo está en todos vosotros.

Pero, en algunos, tal anhelo es un torrente que se precipita con fuerza hacia el mar arrastrando los secretos de las colinas y las canciones del bosque.
En otros es un débil e indolente arroyuelo que se pierde en meandros consumiéndose antes de llegar al estuario.

Pero que quien mucho anhela no diga a quien poco desea: “¿Por qué eres lento y te paras tanto?”.
Porque el que es verdaderamente bueno no pregunta al desnudo: “¿Dónde está tu ropa?”, ni al vagabundo “¿Qué le ha pasado a tu casa?”».

Khalil Gibran - El Profeta

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