El Servicio Nacional de Gestión de Riesgos y Emergencias continúa con el monitoreo correspondiente para evaluar el estado del volcán. Recordamos a la ciudadanía informarse por fuentes oficiales.
Karyn Stapleton, Catherine Loveday, Kristy Beers Fägersten y Richard Stephens The Conversation*
"Las palabrotas se descartaron durante mucho tiempo como un tema de investigación seria porque se suponía que eran simplemente un signo de agresión, dominio débil del lenguaje o incluso poca inteligencia. Ahora tenemos bastante evidencia que desafía este punto de vista, lo que nos lleva a reconsiderar la naturaleza y el poder de maldecir. Seamos fanáticos de las palabrotas o no, es probable que muchos de nosotros recurramos a ellas de vez en cuando. Para estimar el poder de las palabrotas y averiguar de dónde proviene, recientemente llevamos a cabo una revisión de más de 100 artículos académicos de diferentes disciplinas sobre el tema.
Impacto en varias áreas
El estudio, publicado en la revista científica Lingua, muestra que el uso de palabras tabú puede afectar profundamente la forma en que pensamos, actuamos y nos relacionamos. La gente a menudo asocia maldecir con catarsis, la liberación de una emoción fuerte. Es innegablemente diferente y más poderoso que otras formas de uso del lenguaje. Curiosamente, para los hablantes de más de un idioma, la catarsis es casi siempre mayor cuando se maldice en el primer idioma que en cualquier otro aprendido posteriormente. Maldecir despierta las emociones. Esto se puede medir en distintas señales, como el aumento de la sudoración y, a veces, un incremento de la frecuencia cardíaca. Estos cambios sugieren que maldecir puede desencadenar la función de "luchar o huir". La investigación neurocientífica sugiere que las palabrotas pueden estar ubicadas en partes del cerebro diferentes a otras regiones del habla. Específicamente, podría activar partes del "sistema límbico" (incluidos los ganglios basales y la amígdala).
Estas estructuras profundas están involucradas en aspectos del procesamiento de la memoria y las emociones, que son instintivos y difíciles de inhibir. Esto podría explicar por qué las palabrotas pueden permanecer intactas en personas que han sufrido daño cerebral y tienen dificultades para hablar como resultado.
Los experimentos de laboratorio también muestran efectos cognitivos. Sabemos que las groserías llaman más la atención y se recuerdan mejor que otros vocablos. Pero también interfieren con el procesamiento cognitivo de otras palabras/estímulos, por lo que parece que las palabrotas a veces también pueden interferir con el pensamiento. Esto puede valer la pena, al menos a veces. En experimentos que requieren que las personas sumerjan una mano en agua helada, maldecir ha producido alivio del dolor. En estos estudios, vocalizar una palabrota conduce a una mayor tolerancia al dolor y un mayor umbral del dolor en comparación con las palabras neutras. Otros estudios han encontrado una mayor fuerza física en las personas después de maldecir. Pero maldecir no solo influye en nuestro ser físico y mental, sino que también afecta nuestras relaciones con los demás. La investigación en comunicación y lingüística ha mostrado una variedad de propósitos sociales distintivos de las palabrotas, desde expresar agresión y causar ofensas hasta potenciar vínculos sociales, el humor y la narración de historias. Las malas palabras pueden incluso ayudarnos a manejar nuestras identidades y mostrar intimidad y confianza, además de aumentar la atención y el dominio sobre otras personas.
El fondo de la cuestión
A pesar de tener un efecto tan notable en nuestras vidas, actualmente sabemos muy poco acerca de dónde obtienen su poder las palabrotas. Cuando escuchamos una palabrota en un idioma desconocido, parece como cualquier otra palabra y no producirá ninguno de estos resultados: no hay nada particular en el sonido de la palabra en sí que sea universalmente ofensivo. Entonces, el poder no viene de las palabras mismas. Igualmente, no es inherente a los significados o sonidos de las palabras: ni los eufemismos ni las palabras de sonido similar tienen un efecto tan profundo en nosotros.
Una explicación es que el "condicionamiento aversivo", el uso del castigo para evitar que se sigan diciendo palabrotas, generalmente ocurre durante la infancia. Esto puede establecer una conexión visceral entre el uso del lenguaje y la respuesta emocional. Si bien esta hipótesis suena correcta, solo se evidencia débilmente en un puñado de estudios que han investigado los recuerdos del castigo infantil por decir palabrotas. Casi no hay estudios empíricos de los vínculos entre tales recuerdos y las respuestas de los adultos a las palabrotas. Para llegar al fondo de por qué las palabrotas tienen un efecto tan profundo en nosotros, necesitamos investigar la naturaleza de los recuerdos de las personas para maldecir. ¿Cuáles fueron sus incidentes significativos con palabrotas? ¿Las palabrotas siempre traían consecuencias desagradables, como el castigo, o también había beneficios? ¿Qué pasa con las experiencias continuas de las personas de maldecir a lo largo de la vida? Después de todo eso, nuestra investigación muestra que decir palabrotas a veces puede ayudar a las personas a vincularse entre sí. Creemos que podría ser posible que las palabrotas muestren un patrón de memoria similar al de la música: recordamos y nos gustan más las canciones que escuchamos durante la adolescencia. Eso es porque, al igual que la música, maldecir posiblemente adquiera un nuevo significado en la adolescencia. Se convierte en una forma importante de responder a las emociones intensas que tendemos a tener durante este tiempo y en un acto que señala la independencia de los padres y la conexión con los amigos. Por lo tanto, las malas palabras y las canciones utilizadas durante ese tiempo pueden vincularse para siempre con experiencias importantes y memorables. La investigación también debe examinar si existe un vínculo entre los recuerdos de maldecir y los efectos observados en los experimentos. Esto podría mostrar que las personas con recuerdos más positivos responden de manera diferente a las que tienen recuerdos negativos.
Un último punto a considerar es si maldecir comenzará a perder su poder si se vuelve más aceptable socialmente y, por lo tanto, se quedará sin su carácter ofensivo. Por ahora, sin embargo, ciertamente sigue siendo un desliz. * Karyn Stapleton, profesora de Comunicación Interpersonal en la Universidad de Ulster; Catherine Loveday, neuropsicóloga, Universidad de Westminster; Kristy Beers Fägersten, profesora en la Universidad Södertörn; Riichard Stephens, profesor de Psicología, Universidad Keele. Este artículo fue publicado en The Conversation, cuya versión original puedes leer aquí."
"Entre los boleros cubanos más famosos de todos los tiempos se encuentra «Nosotros», del pianista y compositor Pedro Junco. El tema musical que ha sido interpretado por innumerables cantantes de todo el mundo esconde una trágica historia de amor.
Pedro Buenaventura Jesús Junco Redondo, Pedro Junco, nació en Pinar del Río el 22 de febrero de 1920. Desde niño se sintió atraído por la música y tomó clases de piano con la profesora Estrella Pintado antes de pasar a estudiar al Conservatorio Orbón de su ciudad natal en el que obtuvo el título de maestro de piano a los 19 años.
Se trasladó entonces a La Habana para estudiar la carrera de Derecho en la Universidad de La Habana, pero el pentagrama le atraía más que la toga y abandonó la Colina para dedicarse por completo a la música.
Como era costumbre en la época se presentó en varios concursos radiales en los que ganó cierto reconocimiento y dio a conocer sus obras. También trabajó como locutor en la emisora CMAB de Pinar del Río y ofreció recitales con sus canciones junto a su hermana Antonia Junco.
El compositor pinareño pasaría a la inmortalidad y se convertiría en una leyenda popular gracias al tema «Nosotros», que estrenó el 16 de enero de 1942 en el Teatro Aida de Pinar del Río en la voz de Tony Chirolde.
Nosotros y Pedro Junco
«Nosotros» se convirtió de inmediato en un éxito arrollador que se disputaban todas las emisoras de radio.
Atiéndeme, quiero decirte algo
que quizás no esperes, doloroso tal vez.
Escúchame que aunque me duele el alma,
yo necesito hablarte... y así lo haré
Nosotros, que fuimos tan sinceros
y desde que nos vimos
amándonos estamos.
Nosotros, que del amor hicimos
un sol maravilloso,
romance tan divino
Nosotros, que nos queremos tanto
debemos separarnos,
no me preguntes más.
No es falta de cariño,
te quiero con el alma;
te juro que te adoro
y en nombre de este amor
y por tu bien,
te digo adiós...
Al rotundo de «Nosotros» éxito contribuyó sin dudas la prematura muerte de Pedro Junco, acaecida poco más de un año del estreno del bolero, y la personal historia de amor que según cuentan inspiró al compositor pinareño:
Durante su adolescencia, que fue tórrida y bohemia, Pedro Junco contrajo tuberculosis, una enfermedad entonces mortal que terminó por arrebatarle la vida el 25 de abril de 1943. Un par de años antes, el pianista y compositor había conocido a una bella joven de acaudalada familia de la que se enamoró perdidamente.
La familia de la muchacha, al conocer la enfermedad de Pedro se opuso tajantemente a la relación, pero, aún así, la pareja encontró el modo de vivir un romance tan escondido como intenso. El músico, sin embargo, sabía que tenía un pie en la tumba y decidió terminar la relación aislándose en un la Clínica Damas de la Covadonga en el Vedado.
«Sé que estoy condenado… y mi fin está próximo; sin embargo, qué importa eso. Si soy cristiano no tengo miedo… Estoy resignado…»
Escribió triste Pedro Junco a una amiga mientras buscaba la forma de contarle lo que pasaba a su amada.
Como sabía que el padre de su novia revisaba toda la correspondencia que a ella llegaba, convirtió la carta que le había escrita comunicando la decisión en un bolero y le pidió a un amigo común que la cantara por la radio. Al oír la canción, la joven se escapó de la casa y viajó de La Habana a Pinar del Río para despedirse de su amor, sólo para descubrir desesperada que Pedro Junco había muerto horas antes de su llegada."
"Es muy cierto que el bolero es la caricia hecha música.
La Unesco acaba de considerar y calificar al bolero como intangible patrimonio cultural de la humanidad.
La poesía cruza el espacio del bolero.
Roberto Cantoral, el compositor mexicano autor de «El reloj», suplicó a las agujas que no marcaran las horas porque sentía que iba a enloquecer sabiendo que su mujer enferma podría irse para siempre…»cuando amanezca otra vez». Y fue el portorriqueño Pedro Flores quien sostuvo en «Obsesión» (1935) lo que años más tarde continúa siendo certeza absoluta: que «por alto que esté el cielo en el mundo, por hondo que sea el mar profundo no habrá una barrera en el mundo que un amor profundo no rompa por ti». Y dos años antes, la mexicana Consuelo Velásquez ardía de amor con «Bésame mucho», uno de los boleros mas célebres de esta historia.
Se sabe que el bolero surgió en Cuba. Se acepta que el primer bolero fue «Tristezas», escrito por el mulato cubano José Pepe Sánchez en Santiago de Cuba en 1883. Desde entonces, el bolero no ha dejado de invadirnos, perturbarnos, de encender nuestras pasiones, de exaltar el deseo, mitigar los desconsuelos y evidenciar que «sólo nos queda esta noche para vivir nuestro amor».
Advierto que el bolero también puede convertirnos en seres obsesivos. Nunca dejaré de mencionar al sujeto que insertó un aviso en un periódico solicitando una cocinera y puso como estricta condición que la candidata no cantara «Vereda tropical», el célebre bolero de apoteósico éxito de Gonzalo Curiel, mexicano de Guadalajara, que todos hemos cantado una y otra y otra vez.
Agustín Lara tenía físico ingrato, con cicatriz en la cara y una voz negada para el canto, pero su talante y su voz hipnotizaron al mundo por la poderosa creatividad en que se apoyaban. Aconsejó a la triste aventurera de la noche que vendiera caro su amor y estableció, desafiando el altivo comportamiento moral de su época, que «aquel que de tus labios la miel quiera que pague con diamantes tu pecado».
El «flaco de oro», como se le llamaba, creyó protegernos cuando advirtió que las noches de ronda hacen daño, causan pena y terminan por llorar y lamentó que solamente una vez se entrega el alma, solamente una vez y nada más.
Son muchas las voces que nos dejaron marcas en nuestros anhelos: José Luis Moneró, Bobby Capó, Juan Arvizu, Leo Marini, Toña la Negra, Lucho Gatica. El más famoso, tal vez, fue Pedro Vargas: cantó durante largos años hasta que los sucesivos «arreglos» del rostro terminaron momificándolo y acabó cantando «Santa» por última vez, pero con rostro perfectamente rígido y espeluznante lentitud.
Los Panchos, fue el trío más famoso en su tiempo y entre nosotros Alfredo Sadel fue un bello galán y bolerista portentoso y Rafa Galindo, apoyado por Billo Frómeta, fue dueño de una voz espléndida y seductora y en fecha más reciente el universo del bolero perteneció a Armando Manzanero, pero siempre surgirá entre las líneas melódicas del bolero una súplica: «¡Ay, amor ya no me quieras tanto!» y gracias al chileno Antonio Prieto y su encendido «Frenesí» puedo rogar o exigir a la mujer de mis sueños: «Bésame tú a mí. Bésame igual que mi boca te besó. Dame el frenesí que mi locura te dio. ¡Quién si no fui yo pudo enseñarte el camino del amor…!
“Olvídame”, imploraba José Luis Moneró con la orquesta de Rafael Muñoz, en los años cuarenta del pasado siglo, pero la mayor gloria sigue siendo el hecho de que no me preocupaba entonces y tampoco me preocupa hoy que quedara «el infinito sin estrellas y perdiera el ancho mar su inmensidad» porque insisto en mantenerme anclado en la certeza de que en la mujer que amamos el negro de sus ojos y el color canela de su piel permanecerán intactos; y para despejar cualquier incógnita imposible o impertinente increpo: «¡Mujer, si puedes tú con Dios hablar, pregúntale si yo alguna vez te he dejado de adorar!».
"Doctora en Óptica e Información Cuántica y Física por la Universidad Autónoma de Barcelona, donde también es profesora, Sonia Fernández-Vidal es conocida por su gran labor de divulgación científica con obras como 'La puerta de los tres cerrojos', 'El Universo en tus manos' o 'Desayuno con partículas'. Ha trabajado y colaborado en algunos de los centros científicos más prestigiosos del mundo, como el CERN, el ‘Laboratorio Nacional de Los Álamos’ (LANL) o el Instituto de Ciencias Fotónicas (ICFO). Méritos que le llevaron a ser seleccionada por la revista Forbes como una de las 100 personas más creativas del mundo.
Desde niña, Sonia Fernández-Vidal tuvo muy claro que quería ser científica “porque quería saber el por qué de todo”. Para ella, la ciencia y el mundo cuántico nos demuestran que la frontera entre lo imaginario y lo real es mucho más etérea de lo que pensamos: "Los científicos han respondido a muchas de las grandes preguntas y sueños que la humanidad ha tenido desde la noche de los tiempos", asegura. "
Los memes son interesantes se puede utilizar para identificar oportunidades de mejora. Los comentarios en las redes sociales, la mayoria por desgracia utilizan palabras descomedidas, el insulto, ... Suelo pedir que utiicen la Mesa de ayuda para canalizar sus justos reclamos, de esa manera tecnología puede tomar una acción correctiva. Lo más fácil argumentar la culpa del sistema.
Siempre digo, si la persona se queja, debe ser por algo.