viernes, 25 de abril de 2025

La amada inmóvil. Versos a una muerta

El 24 de abril en una tarde de tertulia con los amigos del Café Charlón, Margarita recordó La amada inmóvil de Amado Nervo, recitada por Enrique Ramba, teniendo como fondo el Cotopaxi
 
 
 


 

 

La amada inmóvil. Versos a una muerta, copio las dos primera estrofas

"En memoria de Ana
encontrada en el camino de la vida
el 31 de agosto de 1901.
Perdida -¿para siempre?-
el 7 de enero de 1912.

I

Creí que Serenidad sería mi último libro de versos, y así lo afirmé a un amigo.
 
Esta afirmación me perdió, porque la vida no gusta de que le tracen caminos, y el arcano burla los propósitos de los hombres. He vuelto, pues, a componer poemas. Un nuevo dolor, el más formidable de mi vida, los ha dictado, y sollozo a sollozo, lágrima a lágrima, formaron al fin el collar de obsidiana de estas rimas, que cronológicamente siguen a las de Serenidad.

¡Serenidad! Pensé que en la madurez de la vida iba a llegar a esa altiplanicie desde la cual dominamos los acontecimientos, vemos pasar la caravana de trivialidades y miserias terrestres y sonreímos piadosamente «del Circo de las Civilizaciones»15. Pensé que si hasta entonces mi vida había sido conturbada e inquieta, el hondo deseo de ser sereno y el tesón en expresarlo acabarían por serenarme de veras, haciéndome adquirir por fin el más precioso de los dones que he ansiado en la turbulencia y la amargura de mis días: la Ecuanimidad.

Complacíame en el viejo símil de la montaña: arriba, nieve, el inmutable firmamento sin límites; abajo, nubes, tormentas, ciclones, torrentes bravíos, árboles desgajados...

¡Pobre superhombre! La mano de Dios se abatió sobre mí, y en un instante el alma himalayesca, cobijada por el azul, no fue más que un pobre guiñapo sangriento, convulso y sollozante.

Tenía yo un cariño, uno solo, ornamento de mi soledad, alivio de mi melancolía, flor de mi heredad modesta, dignidad de mi retiro, lamparita santa y dulce de mis tinieblas, y en unos cuantos días, ante mis ojos despavoridos, ante mi amor estupefacto, se me fue de la vida, dejándome de tal manera atónito frente a la realidad, que necesito cogerme la cabeza entre las manos febriles y apretármela como entre dos tenazas para convencerme de que es verdad lo que sé, lo que pienso, lo que me pasa; que no se trata de una macabra prestidigitación, de un espantoso escamoteo, y de que todo lo que amé se ha desvanecido de veras y se ha vuelto fantasma.

 II

Páginas escritas en los últimos días de enero y primeros días de febrero de 1912.

Va a hacer un mes, un mes solamente, y, sin embargo, en esos treinta días, en esos treinta relámpagos, he llorado más lágrimas que estrellas visibles tiene la noche.

Va a hacer un mes, y en esos treinta relámpagos he acumulado tal cantidad de dolor, que me parece que todos mis males pasados y que todos mis males posibles se dieron cita para invadir y llenar mi espíritu, a fin de que no quedase en él un solo hueco que no fuese angustia.

Va a hacer un mes que, a las doce y cuarto del día, se extinguió blandamente Ana Cecilia Luisa Dailliez, mujer excepcional por su gracia, su bondad y la persistencia extraordinaria de su ternura, a quien conocí en París en una noche en que mi alma estaba muy sola y muy triste, la noche del 31 de agosto de 1901, y con quien viví desde entonces en la más cordial y noble de las compañías hasta el 7 de enero de 1912, en que murió en mis brazos.

Esta muerte ha sido la amputación más dolorosa de mí mismo. Un hacha invisible me ha dado un hachazo en mitad del corazón. Los dos pedazos de la entraña quedaron allí trémulos, entre borbotones de sangre. Luego uno de ellos fue arrebatado por el brazo omnipotente de la muerte, y el otro, el otro, mísero, siguió latiendo, latiendo... La tremenda rudeza del golpe no pudo apagar el ritmo de la vida... Siguió latiendo, sí, la triste entraña mutilada; siguió latiendo entre los coágulos obscuros, y late todavía.

Veintiún días duró la enfermedad de Ana; veintiún días que fueron necesarios para poder clavarme en la conciencia la convicción de que iba a morir. Esta convicción era de tal suerte desmesurada para mis fuerzas, que hoy mismo, a pesar de todas las evidencias, me rebelo a veces contra ella, y entonces a mi soledad se une la más impotente de las desesperaciones.

El domingo, 17 de diciembre, la dulce y adorable compañerita de mi vida volvió a casa herida ya por el terrible bacilo de la fiebre tifoidea. El lunes empezó a sentirse mal; el jueves, 21, se encamó definitivamente y comenzó su calvario hasta el 3 de enero, en que, perdida la lucidez, fue cayendo, apaciblemente recostada sobre el almohadón blandísimo de la inconsciencia, en el seno insondable de la muerte.

Yo la velé todas las noches, con excepción de algunos ratos de imprescindible pero inquieto reposo, que quizá no sumaron en las veintiuna jornadas el espacio de diez horas. Mis días se pasaban en la obscuridad de la alcoba, al lado del lecho, espiando su respiración, aguzando mis ojos para ver los suyos, entrecerrados apenas o abiertos en la sombra. Esta perenne y angustiosa vigilia sólo alternaba con un tormento indecible: el de ir tarde por tarde a mis quehaceres, a despachar, imprescindiblemente, los múltiples asuntos de mi incumbencia.

Como aquel nuestro cariño inmenso no estaba sancionado por ninguna ley; como ningún sacerdote nos había recitado maquinalmente, uniendo nuestras manos, algunas frases latinas; como ningún juez civil nos había gangueado algunos artículos del Código, no teníamos el derecho de amarnos a la luz del día, y nos habíamos amado en la penumbra de un siglo y de una intimidad tales, que casi nadie en el mundo sabía nuestro secreto. Aparentemente yo vivía solo, y muy raro debió de ser el amigo cuya perspicacia adivinara, al visitarme, que allí, a dos pasos de él, latía por mí, por mí solo, el corazón más noble, más desinteresado y más afectuoso de la tierra.

Pocas veces, muy pocas, salíamos juntos, evitando las arterias febriles de las metrópolis, donde mi relativa popularidad podía prepararme sorpresas. En cambio, en ciertos viajes nos desquitábamos ampliamente, y, brazo con brazo, enredadas las diestras con una ternura que tenía mucho de fraternal, nos dedicábamos a ese flaneo16 deleitable de París, de Londres, de Bruselas, buscando el bibelot17 gracioso, deteniéndonos ante el deslumbramiento de los escaparates, refugiándonos en los íntimos y perfumados rincones de los restaurantes, donde los gourmets de buena cepa, como nosotros, compensaban tantas acritudes de la vida...

Pero tal persistente secreto fue mi tortura persistente también, y en los días de la enfermedad de mi Ana esta tortura llegó a su máximum. A las tres de la tarde, a las tres y media a lo sumo, era preciso dejar a la idolatrada enferma y partir. Eran días aquellos de un trabajo incesante. Tenía yo entre manos innumerables asuntos diversos. Acudían, además, las visitas a todas horas. Y mientras el amor de mis amores se agitaba presa de la fiebre en su lecho, yo, a tres kilómetros de mi casa, hacía sumas, multiplicaciones y divisiones, redactaba notas, sonreía a los diversos visitantes, respondía a consultas de toda índole e inventaba todos los días una nueva mentira para escapar a las invitaciones, para despistar la curiosidad en acecho de los íntimos, sustraerme a su torturadora compañía, y correr, volar entre la multitud atareada, entre el enmadejamiento de tranvías y automóviles, a mi habitación, subir con ansias de muerte las escaleras, llamar directamente para que el sonido brusco de la campanilla no alarmase a mi doliente idolatrada, y preguntar con voz temblorosa a quien me abría:

-¿Cómo sigue? ¿Cómo sigue?

Si debe creerse que nuestra existencia es una expiación de yerros anteriores, sabe Dios que yo expié en esas horas muchas faltas de otras vidas, o de esta mi pobre vida incoherente y mediocre, en la que ni siquiera ha habido un gran pecado, porque su magnitud no rimaba con mi alma, tipo aun de evoluciones intermedias.

Por fin, un día ya fue imposible el fingimiento, y, a pesar de que mi enfermita me insinuaba: «No le digas nada, mon mignon... ¡Para qué!», yo dejé caer, en manos de mi «superior inmediato» (los diplomáticos, ¡ay!, no somos más que unos animales jerárquicos) mi ingenuo secreto de tantos años, para tener el derecho de escapar de la Cancillería en cuanto lo esencial había terminado, y de estar una hora antes a la cabecera del alma de mi alma, que se me moría!..."

 


Enrique Rambal - Amada Inmovil 



La amada inmóvil - Documental ~ Amado Nervo

 


 

Rafael España - Líderes Mexicanos



 
"Desde 1975, se han entregado 389 Premios Nacionales de la Juventud, con los cuales el Gobierno ha reconocido y celebrado el talento de 1,434 jóvenes

La percepción que tiene la juventud de la democracia es importante no sólo porque nacieron durante un periodo transformador del sistema político, sino porque poseen valores y tendencias ideológicas distintas a las de otras generaciones y ejercen de manera diferente su ciudadanía, lo que debe traducirse en un esfuerzo por que su opinión sea favorable para la democracia.

Este fue el caso de Rafael España de la Garza, un joven originario de Monterrey, Nuevo León, que nació el 29 de mayo de 2001 y que gracias a su interés por crear un México democrático, fue ganador en dos ocasiones del “Concurso Estatal de Debate Político”, mismas que lo llevaron a obtener dos menciones honoríficas en el “Concurso Nacional Debate Político”.
 
 

A su corta edad, ha recibido más de 30 reconocimientos por su trayectoria académica, ha impartido conferencias en la “12° Edición del Modelo de Naciones Unidas del Tecnológico de Monterrey en Puebla” (MUNTCP); en la ceremonia de entrega de becas “Mil sueños por cumplir”; en el “Congreso de Juventud” de la Universidad de Monterrey (UDEM), entre otras.

También, este joven impulsor de la democracia, se hizo acreedor del “Premio Estatal de la Juventud 2014”, en la categoría de Emprendedor Académico; fue ganador en la “Etapa Censal a Nivel Región”, de la categoría urbana de la “Olimpiada del Conocimiento Infantil 2013”, y fue Legislador Infantil Propietario del Distrito 12° del Distrito Federal Electoral (2011-2012).

Además, ganó el “Premio Nacional de la Juventud en 2016”, en la distinción de Aportación a la Cultura Política y a la Democracia, por transmitir su visión de un México democrático a las y los jóvenes de las 32 entidades del país, por medio de discursos en diversos eventos, como los ya mencionados y como en el “10° Aniversario de los 300 Líderes más Influyentes de México”.

Entre otros de sus logros esta su participación en la difusión de la “Estrategia Nacional para la Prevención del Embarazo en Adolescentes”, así como en el proyecto “Educar para la felicidad: Herramientas de la psicología positiva y el mindfulness”, y en el proyecto “#Mayo: Mes del estudiante 2015”, impulsado por el Gobierno de Zacatecas y la Secretaría de Desarrollo Social.

Al igual que Rafael España de la Garza, tú puedes ser reconocido por tu talento en la música o en el deporte, por emprender, por participar en una Organización de la Sociedad Civil (OSC) o por estudiar. Sólo tienes que ingresar a la página del Instituto Mexicano de la Juventud (Imjuve) y consultar las distintas convocatorias que fueron diseñadas especialmente para ti."



Rafael España - Líderes Mexicanos


"Rafael España de la Garza estudiante de 14 años de edad, originario de Nuevo León, retó a los 300 líderes más influyentes de México. Una cobertura de Contextus México. "



 

miércoles, 23 de abril de 2025

Mantenimiento de tus Lentes: Guía Completa para un Cuidado Óptimo




Mantenimiento de Tus Lentes: Guía Completa para un Cuidado Óptimo



"Cuidar adecuadamente de tus lentes no solo prolonga su vida útil sino que también asegura que tu visión sea siempre la mejor posible. Sin embargo, con la rutina diaria, es fácil olvidarse del mantenimiento correcto. Por eso, queremos compartir contigo algunos consejos esenciales para el cuidado de tus lentes:

Limpieza Regular
Lava tus manos antes de manipular tus lentes para evitar transferir suciedad y grasa.
Usa agua y jabón neutro para limpiar las lentes. Evita productos con amoniaco o alcohol, ya que pueden dañar los tratamientos de la superficie.
Seca con un paño suave y limpio, preferiblemente de microfibra, para evitar rayones.
 
Almacenamiento Adecuado
Utiliza siempre el estuche para guardar tus lentes cuando no los estés usando. Esto protege tus lentes de daños y rayaduras.
Evita el calor extremo dejando tus lentes en el coche o cerca de fuentes de calor, ya que puede deformar la montura.
 
Uso Correcto
Evita tocar las lentes con los dedos, especialmente la superficie. Esto puede dejar huellas y partículas de grasa.
Aplica maquillaje antes de poner tus lentes, para minimizar el contacto con productos cosméticos.
 
Revisión y Ajuste
Visita regularmente a tu óptico para ajustes y revisiones. Un ajuste adecuado asegura que tus lentes se sientan cómodos y no se deslicen, lo cual es vital para evitar daños.
 
Cambio y Actualización
Reemplaza tus lentes según lo recomendado por tu especialista. Aunque cuides bien de tus lentes, el desgaste normal puede afectar la claridad de la visión.

En Conclusión

El cuidado adecuado de tus lentes es esencial no solo para mantenerlos en buen estado, sino también para asegurar que tu experiencia visual sea óptima. Siguiendo estos consejos simples, podrás disfrutar de una visión clara y proteger tu inversión en salud visual. En Fusión Óptica, estamos comprometidos con tu bienestar visual y te invitamos a visitarnos para cualquier consulta o servicio de mantenimiento que tus lentes necesiten.

 
Mi Oftómetra Andrea Molina Monroy sugiere:
 
"No exponer a luz intensa del sol en el auto, es decir dejarlos dentro del auto sin usarlos...
 
No usar alcohol, ningún material abrasivo, sustancias abrasivas para la limpieza de las lunas...
 
No usar la ropa para la limpieza de los lentes...
 
No limpiar en seco y con polvo, sólo sacudir el polvo con el paño hasta que proceda a limpiar con agua y jabón líquido...
 
No usar ningún spray de limpieza, sólo agua y jabón líquido"
 
Ha preparado un video ilustrativo
 

 

Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor, 23 de abril

 

"Cada 23 de abril, el mundo rinde homenaje a uno de los pilares fundamentales de la cultura: el libro. En esta fecha se celebra el Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor, una jornada promovida por la UNESCO desde 1995 para  fomentar la lectura, rendir tributo a los autores y proteger la propiedad intelectual.

¿Por qué el 23 de abril se celebra el día Internacional del Libro?

La elección del 23 de abril no es casual. Ese día, en 1616, fallecieron tres grandes exponentes de la literatura universal
 
Miguel de Cervantes, autor de Don Quijote de la Mancha,
William Shakespeare, dramaturgo y poeta inglés, y
El Inca Garcilaso de la Vega, cronista e historiador peruano.
 


Aunque sus muertes no ocurrieron exactamente en la misma fecha por diferencias de calendarios (gregoriano y juliano), la coincidencia simbólica llevó a la UNESCO a declarar este día como un tributo mundial a la literatura.

El Día Internacional del Libro recuerda la importancia de la lectura como herramienta para el desarrollo personal y social. También visibiliza la labor de los escritores y editoriales, y promueve el respeto por los derechos de autor. Además, se convierte en una oportunidad clave para revalorizar la lectura en la era digital. Fomentar la educación y el pensamiento crítico...."
 




 
"La celebración del Día del Libro se remonta a principios del siglo XX. La historia del libro se hace festiva y surgen actividades literarias en toda España. Hoy, el día 23 de abril se celebra en todo el mundo, el Día del Libro Internacional.

El Origen del Día del Libro se remonta a 1926. El 23 de abril de 1616 fallecían Cervantes, Shakespeare e Inca Garcilaso de la Vega. También en un 23 de abril nacieron – o murieron – otros escritores eminentes como Maurice Druon, K. Laxness, Vladimir Nabokov, Josep Pla o Manuel Mejía Vallejo. Por este motivo, esta fecha tan simbólica para la literatura universal fue la escogida por la Conferencia General de la UNESCO para rendir un homenaje mundial al libro y sus autores, y alentar a todos, en particular a los más jóvenes, a descubrir el placer de la lectura y respetar la irreemplazable contribución de los creadores al progreso social y cultural.

La idea original de la celebración del Día del Libro partió de Cataluña, del escritor valenciano Vicente Clavel Andrés, proponiéndola a la Cámara Oficial del Libro de Barcelona en 1923 y aprobada por el rey Alfonso XIII de España en 1926. El 7 de Octubre de 1926 fue el primer Día del Libro, poco después, en 1930, se instaura definitivamente la fecha del 23 de abril como Día del Libro, donde este día coincide con Sant Jordi - San Jorge, patrón de Alemania, Aragón, Bulgaria, Cataluña, Etiopía, Georgia, Grecia, Inglaterra, Líbano, Lituania, Países Bajos, Portugal, Eslovenia y México. Es tradicional regalar una rosa al concluir una lectura, evento o pregón y que los enamorados y personas queridas se intercambien una rosa y un libro.
 
 

 



Infórmese sobre El ORIGEN DEL DÍA DEL LIBRO

En 1995 el Día del Libro se convierte en una FIESTA MUNDIAL. El Día del Libro fue propuesto por la Unión Internacional de Editores (UTE), y presentada por el gobierno español a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). En 1995, se aprobó proclamar el 23 de abril de cada año el "Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor".

Si deseas sentir la tradición de la Fiesta del Día del Libro, iniciada en 1926, puedes iniciar tu paseo por la Rambla de Catalunya de Barcelona, miles de comercial-paradas de libreros y floristas envuelven la ciudad de cultura a través de los libros, puedes demostrar y sentir el amor de personas queridas cuando recibes o regalas una rosa, también se reúnen las asociaciones, instituciones, bibliotecas, escritores de todo el mundo firmando sus obras, ilustradores, medios de comunicación,... te acompañan por las calles de la ciudad.

Existen miles de lugares de interés en más de 100 países para celebrar el Día Internacional del Libro y los Derechos de Autor. Por ejemplo, en Madrid realizan más de 600 actos el 23 de abril, preámbulo de la Feria del Libro con 15 días de duración. Ciudad de México, Caracas, Bogotá, Santiago, Valencia, La Victoria, Buenos Aires, Maracaibo, Barquisimeto, Quito, Managua, Maracay, New York, Los Ángeles, Medellín, Ciudad de Guatemala, Valparaiso, muchas ciudades Europeas, Americanas, Asiáticas, Africanas, incluso en Vietnam se celebra a escala nacional..., celébralo en miles de localidades más de todo el mundo, encontrarás actos del Día del Libro para disfrutar de la fiesta mundial. ¡Infórmate en tu localidad!..."


 
"Cada 23 de abril, las calles de Cataluña se llenan de libros, rosas y miles de personas que celebran una de las tradiciones más queridas y singulares del calendario: el Día de Sant Jordi. Y aunque no es una jornada festiva oficial, el ambiente de fiesta que se vive en ciudades como Barcelona transforma este día en un auténtico acontecimiento popular. 



La celebración mezcla dos elementos esenciales: el amor y la literatura. Durante esta jornada es costumbre que las personas se regalen una rosa así como libro, en un gesto que combina la belleza de una flor con la riqueza de una historia. Esta doble tradición, que ha sabido adaptarse al paso del tiempo, tiene un fuerte arraigo en la identidad catalana. Pero, ¿de dónde viene esta costumbre? ¿Por qué precisamente rosas y libros? Para comprender el verdadero significado de esta fecha tan señalada, conviene conocer el origen de sus símbolos y cómo ha evolucionado hasta convertirse en la fiesta cultural por excelencia de Cataluña.
 
Qué significa regalar una rosa en Sant Jordi
 
Cada año, el 23 de abril, toda Cataluña celebra Sant Jordi, pero además esta es una fiesta que coincide también con el Día del libro, una festividad que se celebra en todo el mundo con el objetivo de fomentar la lectura, la industria editorial y la protección de la propiedad intelectual por medio del derecho de autor. Tal vez por ello, resulte entender de forma más sencilla, el porqué se regala una rosa, para representar la leyenda de San Jorge, y también un libro.

Pero lo cierto es que no podemos quedarnos con una explicación tan ligera, y más si tenemos en cuenta que la tradición de los libros y rosas de Sant Jordi es algo casi centenario. Por ello, primero de todo debemos entender quién fue San Jorge, el porqué de su celebración, qué representa la rosa y cómo es que se acabó uniendo a la celebración del Día del Libro.

Comenzamos por saber que San Jorge fue un caballero del siglo III que combatía con los romanos. Sin embargo, se negó matar a cristianos. Por ello fue ajusticiado y asesinado.

Según cuentan las fuentes fue convertido en mártir por defender la religión y pronto se convirtió en el patrón de lugares como Cataluña, Aragón, Inglaterra o Portugal. Los datos históricos dicen que fue el 23 de abril del año 303 cuando Jorge, el caballero, murió.

La leyenda de Sant Jordi y la rosa

La leyenda de Sant Jordi es una historia de amor y valentía que se ha transmitido de generación en generación en Cataluña. Según la leyenda, un terrible dragón habitaba en las tierras de Montblanc, aterrorizando a los habitantes y devorando a los animales. Para calmar su ira, los habitantes del pueblo sacrificaban a un joven cada día, elegido por sorteo. Un día, la suerte cayó sobre la hija del rey, una hermosa princesa que estaba destinada a ser devorada por el dragón.

Sant Jordi, un valiente caballero, se ofreció voluntario para salvar a la princesa y matar al dragón. Armado con su espada y su escudo, se adentró en la cueva del dragón y luchó valientemente contra él. Finalmente, logró herirlo mortalmente y liberar a la princesa. De la sangre del dragón nació un rosal, del cual Sant Jordi arrancó una rosa y la regaló a la princesa. Desde entonces, regalar rosas en el Día de Sant Jordi se convirtió en una tradición.

La tradición de los libros en Sant Jordi

El tema del libro llegó algo después. Fue a principios del siglo XX cuando un escritor, Vicent Clavel i Andrés propuso a la Cámara Oficial del Libro de Barcelona y al Gremio de Escritores, organizar una fiesta para promover la literatura en toda la comunidad.

La idea fue bien acogida entre la gente y durante la Exposición Internacional de Barcelona de 1929, los libreros de la comunidad montaron puestos y chiringuitos para regalar y vender literatura.

La celebración del Día del Libro

Esta idea además obtuvo tanto éxito que se declaró como el Día del Libro para el 23 de abril que además coincidía con la muerte de dos grandes escritores: Cervantes (aunque el 23 es fue la fecha de su entierro, no de la defunción) y Shakespeare.

Además la fecha también coincide con el nacimiento o la muerte de otros autores como Garcilaso de la Vega, Maurice Druon, Haldor K.Laxness, Vladimir Nabokov, Josep Pla, Manuel Mejía Vallejo y William Wordsworth.

Desde 1988, es una celebración internacional promovida por la UNESCO. El 15 de junio de 1989 se inició en varios países, y en 2010 la celebración ya había alcanzado más de cien. Así que es desde hace tiempo una total tradición y por eso es normal ver casetas en diversas partes del mundo con libros. En muchas de ellas, los propios autores están allí para firmar los ejemplares que compran los usuarios.

En Cataluña, la celebración del Día del Libro se fusionó con la tradición del Día de Sant Jordi, creando una fiesta única que celebra la literatura, la cultura y el amor. En este día, las librerías y las floristerías se llenan de gente que busca el libro perfecto o la rosa más hermosa para regalar.

En resumen, la razón por la que se regalan rosas y libros en el Día de Sant Jordi es una combinación de dos hermosas tradiciones: la leyenda de Sant Jordi y el Día del Libro. En este día, se celebra el amor, la literatura y la cultura, creando un ambiente mágico y lleno de color en las calles de Cataluña. Regalar una rosa o un libro en el Día de Sant Jordi es una forma de expresar el amor y la amistad, y de celebrar la riqueza de la literatura y la cultura. ¡Feliz Día de Sant Jordi!."


Mi Hermano Juan Carlos comparte unas imágenes
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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viernes, 18 de abril de 2025

ABC La vida secreta de Gabriel García Márquez

 

 
 
"«¿Que quieres escribir mi vida? ¿Estás enfermo?». Así recibió el premio Nobel la propuesta del hispanista Gerald Martin de contar su historia. Diecisiete años le llevó completar la empresa. No fue fácil. Pero el resultado es un libro donde aparece el auténtico García Márquez, el menos conocido.

Carlos Manuel Sánchez
Jueves, 18 de Abril 2024 | Actualizado 15/04/2025, 13:41h
Tiempo de lectura: 13 min


Todos tenemos tres vidas: la pública, la privada y la secreta», le dijo García Márquez a Gerald Martin, su biógrafo. Éste se había armado de valor para preguntarle por Tachia, la novia vasca de los tiempos de París: «bueno, eso pasó», contestó evasivamente el novelista colombiano. 

«¿Podemos hablar del tema?», insistió el biógrafo. «No», le atajó. Y le dio a entender que la vida pública estaba a la vista de todo el mundo; de vez en cuando le daría acceso a su vida privada, pero jamás hablaría de su vida secreta. Gerald Martin no se rindió. Y con la tenacidad para investigar ciertos aspectos en los que sólo «los perros rabiosos y los ingleses» tendrían la imprudencia de ahondar, escribió Gabriel García Márquez, una vida, editada Debate, biografía definitiva del premio Nobel. «No, no es una biografía autorizada, es una biografía tolerada», aclara Martin, catedrático emérito por la Universidad de Pittsburgh. «No me ha sido fácil sortear las múltiples versiones que García Márquez ha ido sembrando con los años a propósito de su vida. Le encanta fabular, por no mencionar su deleite con los cuentos chinos. Descubres que ha contado la mayoría de las anécdotas en varias versiones, todas las cuales encierran al menos una parte de verdad». 
 
 


Conoció al novelista en La Habana, en 1990, donde le habló de su proyecto. «¿Estás enfermo? ¡Aún no me he muerto!», fue la reacción de García Márquez. Martin tardó hora y media y varios güisquis en convencerlo. Con una condición: «No me hagas hacer tu trabajo». El biógrafo reconoce que García Márquez «siempre se negó a brindarme la charla íntima con la que sueñan los biógrafos; sin embargo, pasé alrededor de un mes en su compañía, en momentos y lugares distintos a lo largo de 17 años. Nunca trató de influirme y siempre me comentaba con el cinismo del periodista nato: ‘Escribe lo que veas, yo seré lo que tú digas que soy’».

Su abuelo y el duelo imaginario

Gabriel García Márquez idolatraba a su abuelo materno, el coronel Nicolás Márquez, veterano de la Guerra de los Mil Días, terrateniente y respetable hombre de familia que en 1908 mató en Barrancas, un pueblo de la zona bananera, a un hombre llamado Medardo, sobrino de un amigo y compañero de armas. La familia del escritor siempre disculpó el asesinato: «Un duelo de honor», «fue en franca lid»… El propio García Márquez dijo: «No sé por qué mi abuelo se enredó en ese asunto, pero eran tiempos difíciles. No le quedó más remedio». Pero no hubo nada heroico. Fue por una cuestión de faldas.

El coronel era un mujeriego empedernido. Había seducido a una viuda del pueblo y alardeó de ello. Medardo, el hijo de la agraviada, herido en su orgullo, desafió e insultó a Nicolás en varias ocasiones. Un día de fiesta, Medardo fue abordado en un callejón por Nicolás. «¿Estás armado, Medardo?» «No.» «Bueno, recuerda que te advertí.» Y le disparó uno, quizá dos tiros. Cuando prestó declaración, Nicolás Márquez confesó que lo había matado. «Y si vuelve a la vida, lo mato otra vez.» Amigos influyentes lograron que la pena fuera sólo un año de cárcel.
 
El padre telegrafista

Gabriel Eligio García, el padre del escritor, llegó a Aracataca como telegrafista y con una carta de recomendación para el párroco. Tocaba el violín y el cura lo invitó a que acompañara al coro de las Hijas de la Virgen. Consumado seductor, fue como meter al zorro en el gallinero. Se encaprichó de Luisa Santiaga, la guapa y mimada hija del coronel Nicolás Márquez. Le hizo una propuesta matrimonial nada galante: «Mire, señorita, anoche me desvelé pensando en que tengo necesidad de casarme. Y la quiero a usted. No crea que me estoy muriendo de amor. Le doy 24 horas para pensarlo. Hay otros peces en el estanque».

El coronel y el pretendiente de su hija tenían poco en común, salvo una colección de hijos ilegítimos. Además, el telegrafista no era un buen partido. El coronel decidió cortar la relación y alejar a la joven de Aracataca. Pero ya era tarde. Gabriel Eligio le siguió el rastro y la dejó embarazada poco antes o poco después de la boda (García Márquez siempre jugó a despistar con la fecha de su propio nacimiento). En 60 años, el novelista apenas habló con su progenitor. Sólo poco antes de morir Gabriel Eligio, padre e hijo hablaron francamente. En contra de su costumbre, Gabo asistió a su entierro.
 
La madre ausente

Luisa Santiaga regresó a casa de sus padres para dar a luz al futuro escritor. Poco después del parto dejó a Gabito al cuidado de los abuelos y volvió con su marido, que ahora trabajaba en Riohacha de telegrafista y más tarde se ganaría la vida con la medicina homeopática, aunque carecía de titulaciones. La ausencia de su madre durante toda su infancia es algo que nunca superó García Márquez. 

«Resulta difícil entender que Luisa dejase a su primer hijo. Antepuso su esposo a su primogénito», explica Martin. El celo de Gabo a la hora de ocultar incluso los detalles más inocentes de su vida está muy enraizado con el intento de cubrir «los sentimientos de pérdida, traición, abandono e inferioridad que heredó de su niñez».

En los años 40, una mujer denunció al padre de Gabo por haberla violado bajo los efectos de la anestesia y, aunque él negó el cargo de violación, admitió ser el padre del hijo de aquella mujer. Mantener relaciones sexuales con un paciente también infringía la ley, pero se las arregló para salir impune. Durante unas vacaciones escolares, Gabito recibió un mensaje de su padre que lo emplazaba en lo que resultó ser un burdel local. Una mujer lo condujo hasta una habitación en penumbra, lo desnudó y «lo violó», según el escritor. La prostituta le recomendó, además, sin mucho tacto que le pidiera a su hermano menor, un habitual, que le diera algunas lecciones. Fue una experiencia sórdida y humillante. Tenía 14 años.
 
La trepanación frustrada

Los estudios de Gabito quedaron interrumpidos en 1941 durante unos meses por un trastorno emocional. Su padre, siempre indiscreto, habló de ello en una entrevista cuando el hijo ya era famoso: «Se le presentó una especie de esquizofrenia, con unas rabias tremendas. Le lanzó un tintero a un jesuita». Se comenta que Gabriel Eligio tenía la intención de trepanar la cabeza de su hijo y que sólo la amenaza de Luisa de hacer públicos sus planes lo detuvo. Más tarde, un hermanastro diagnosticó que lo que necesitaba era «una buena pierna» y le abastecía de muchachas jóvenes. Y con 18 años se descarrió por completo. Bebía sin freno y desapareció durante diez días en un prostíbulo con María Alejandrina Cervantes, «con quien perdí la cabeza en la parranda más fragorosa de mi vida».
 
El año del prostíbulo

García Márquez había descuidado sus estudios de Derecho, obsesionado con la idea de ser escritor. Organizaba partidos de fútbol en los pasillos de la universidad y estaba de juerga permanente. Vivió casi un año en un burdel, donde le alquilaron un cuartucho de tres metros cuadrados. Una prostituta le planchaba pantalones y camisas, otras le prestaban jabón o compartían con él el desayuno. A cambio, García Márquez les escribía cartas. Como su admirado Faulkner, Gabo oyó muchas conversaciones del otro lado del tabique de su habitación y las aprovecharía para sus novelas. 
 
 


El primer fracaso

En 1952 recibió una carta de la editorial Losada. Fue la mayor desilusión de su vida. Gabo había dado por sentado que le publicarían La hojarasca, y fue un golpe durísimo que rechazasen el libro. Además, el presidente del comité, Guillermo de la Torre, un crítico literario español, le envió una carta demoledora, sugiriéndole que se buscase otra profesión. «Los españoles son muy brutos», lo consoló su amigo Álvaro Cepeda. Pero García Márquez se vio perdido. «Lo salvó su cervantino sentido de la ironía», sugiere su biógrafo. Un agente de Losada lo convenció, tras emborracharlo, para que aceptase un trabajo como vendedor de libros. Y se convirtió en viajante.

Tachia, la novia vasca

En 1956 conoció en París a Concha Quintana (Éibar, 1929), rebautizada Tachia por el poeta Blas de Otero, del que había sido amante. La simpatía de García Márquez la cautivó. Vivieron en pareja durante nueve meses. Gabo por entonces tenía problemas de dinero, pues la revista para la que trabajaba de corresponsal cerró. Dejó una novela aparcada (La mala hora) y comenzó la redacción de El coronel no tiene quien le escriba. Las deudas eran cada vez más abultadas.
 
 

Al cabo de unas semanas, Tachia y él ni siquiera tenían para comer. Gabo recogía botellas y periódicos por los que le daban unos céntimos en los comercios del barrio. Y llegó a rebuscar entre la basura. Iban a la deriva. Ella, además, se quedó embarazada. Tachia, que en la actualidad vive en París, contó a Martin su versión: «Cuidaba niños y fregaba suelos y, cuando volvía a casa, él no había hecho nada y tenía que ponerme a cocinar. Me decía que era muy mandona, me llamaba «el general». Pasamos nueve meses peleándonos. Era muy duro. Sin embargo, Gabriel también era muy cariñoso. Cantaba mucho, especialmente vallenatos».

A los cuatro meses y medio de embarazo, Tachia tuvo una hemorragia. «Él se quedó horrorizado, no se desmayó de milagro». Perdió al bebé. «Después del aborto los dos sabíamos que todo se había terminado. Me marché. Nos despedimos en la estación de Austerliz. Cuando el tren se puso en marcha, me desmoroné, lloraba tapándome con las manos, contra la ventana. Gabriel comenzó a caminar siguiendo el vagón, hasta que se quedó atrás. Jamás lo he lamentado. Era demasiado informal, y yo no podía tener hijos con un padre así.» Tachia inspirará el personaje de Amaranta Úrsula en Cien años de soledad.
  

Mercedes Barcha, la esposa fiel

Se fijó por primera vez en ella cuando era una cría: Mercedes tenía nueve años; él, 14. Luego la rondó de adolescente. Era hija de farmacéutico y Gabito se pasaba por la botica con cualquier excusa. En Crónica de una muerte anunciada escribe: «Muchos sabían que en la inconsciencia de la parranda le propuse a Mercedes Barcha que se casara conmigo cuando apenas había terminado la escuela primaria, tal y como ella misma me lo recordó cuando nos casamos 14 años después». 



Sin embargo, la mujer que acapara el aspecto romántico de Gabo en sus memorias, Vivir para contarla, no es Mercedes, ni Tachia, sino Martina, su primer amor, una mujer casada con la que mantuvo una aventura en Barranquilla cuando era un chaval. «Da la impresión de que Gabo es heredero de una cultura en la que los hombres no pueden mantener relaciones sexuales con las mujeres con quien piensan casarse, pero sí con prostitutas y criadas o con las esposas de otros hombres», escribe Martin.

El hombre anuncio

Desengañado de la literatura («yo trago tranquilizantes untados en pan y apenas duermo cuatro horas»), con una novela a medias, El otoño del patriarca, y facturas sin pagar, intentó ganarse la vida con la publicidad. Lo contrató Walter Thompson y luego McCann Erickson. «Trabajó para los abanderados del capitalismo monopolizador estadounidense, algo que nunca se ha esforzado mucho por destacar», apunta Martin. Haber trabajado en publicidad le serviría después para la autopromoción. Aunque siempre ha alardeado de no asistir a los lanzamientos de sus libros, «la verdad es que incluso Cien años de soledad fue promocionada desde antes de su aparición. Y con cada nuevo libro el despliegue publicitario crecía. Por todo ello, algunos empezarían a apodarlo García Marketing». En 1965, a Mercedes le esperaba año y medio de sufrimiento: sostener la economía familiar mientras el novelista pasaba ocho horas diarias escribiendo en estado de gracia.



Cuando el dinero se acabó, empezó a empeñarlo todo: la tele, la nevera, la radio. Llegaron a comer la comida triturada de Gonzalo, que aún era un bebé. Finalmente empeñaron la licuadora para enviar el manuscrito por correo. Gabo se sentía inseguro: «No sé si tengo una novela o un kilo de papel». Quemó todas las anotaciones. Sus amigos lamentaron que no las conservara para la posteridad. Él adujo su sentido del pudor, diciendo que para él no sería más grato que la gente cribara sus sobras literarias, que husmeara en su basura. Según su biógrafo, se intuye cierta voluntad del artista (o del mago) por proteger los trucos de su oficio.
 
Andanzas por España

García Márquez se trasladó con su familia a España en 1967. «A muchos, el viaje les pareció una empresa curiosa para un latinoamericano de izquierdas», observa Martin. García Márquez se convirtió en el centro de atención. Un fenómeno exótico, el paladín del boom latinoamericano. Fue subestimado por los críticos. «Pero él era más listo que ellos, los manipulaba.» Su encanto radicaba en que parecía un tipo normal, nada pretencioso. Camen Balcells se convirtió en su agente literaria y la mujer más importante en su vida, después de su madre y su esposa. Visitaba su oficina varias tardes por semana, con el pretexto de dejar las últimas páginas de El otoño del patriarca, pero también para sus tareas confidenciales. «Con esto tal vez le ahorraba a Mercedes enterarse de cosas que hubieran podido molestarla, como las grandes cantidades de dinero que ahora ganaba a espuertas y que su marido decidió donar a asuntos políticos.» Ballcells se convirtió en su confidente. Él la llamaba Superman. En el curso de una conversación telefónica, Gabo le preguntó: «¿Me quieres, Carmen?». Ella contestó: «No puedo responderte. Eres el 36,2 por ciento de mis ingresos».

El “lacayo” de Fidel

Su cercanía acrítica a Fidel Castro lo fue distanciando de amigos escritores. En 1968, Juan Marsé formaba parte del jurado que había premiado en Cuba al poeta contrarrevolucionario Herberto Padilla. Castro lo consideró una provocación y el jurado fue retenido durante seis semanas en La Habana. A su vuelta a Barcelona, Marsé contaba la peripecia de este insólito secuestro literario. Gabo estalló. Recuerda Marsé: «Se puso furioso. Dijo que yo era un idiota. La política era siempre lo primero. No importaba si a nosotros nos ahorcaban a todos». Más tarde, García Márquez intentó ser salomónico y contentar a todos, pero no satisfizo a nadie. Juan Goytisolo se quejó de «su consumada pericia para escurrir el bulto». Y el escritor Reinaldo Arenas hizo notar sus contradicciones: «Amparándose en la libertad del mundo occidental, hace apología al totalitarismo que convierte a los intelectuales en gendarmes». Después del Nobel, García Márquez adoptó un discurso socialdemócrata. Pero Vargas Llosa, con el que ya se había enemistado, lo llamó «lacayo de Fidel Castro» y «oportunista».

El puñetazo de Vargas Llosa

Su ruptura con Vargas Llosa fue sonada. Eran uña y carne hasta que la política empezó a separarlos. Primero, cuando Gabo decidió dar todo el dinero de un premio literario a una oscura organización revolucionaria. Luego, por un asunto privado que ninguno quiso aclarar. Lo cierto es que el 12 de febrero de 1976 Vargas Llosa viajó a México y se encontró con García Márquez en el vestíbulo de un cine donde ambos asistían a un estreno. Gabo abrió los brazos y exclamó: «¡Hermano!». Pero Vargas Llosa sin mediar palabra lo derribó de un puñetazo. Con García Márquez tendido en el suelo, Mario gritó: «Esto por lo que le dijiste a Patricia». O bien: «Esto por lo que le hiciste a Patricia».


Depende de la versión. A los dos días, García Márquez apareció sonriente en unas fotos con un ojo morado. ¿Cuál es el misterio? Un par de años antes, Vargas Llosa se enamoró de una azafata sueca y abandonó a su mujer, Patricia Llosa (eran primos), y a sus hijos. Gabo se convirtió en el paño de lágrimas de Patricia y quizá le recomendó que se separase. O quizá, cuando Vargas Llosa se reconcilió con su esposa, ésta le dijo que tampoco había perdido el tiempo, pues había estado «con tu gran amigo». Sólo los implicados conocen la verdad. Los dos hombres no volverían a encontrarse nunca más.

“Currándose el Nobel”

Cuando un amigo le preguntó si había estado antes en Estocolmo, le contestó con una sonrisa burlona: «Sí, aquí estuve hace tres años, cuando vine a intrigarme el premio Nobel». Es una boutade, pero es verdad que realizó varias visitas, incluso contactó con Arthur Lundkvist, el académico progresista cuya influencia sería decisiva. El galardón desencadenó una serie de estampas surrealistas. Tachia, que había retomado la amistad con Gabo, estuvo en la suite 208 del Grand Hotel de Estocolmo, donde se organizó la gran parranda. Mercedes le entregó rosas amarillas para «espantar la pava», el mal fario. Luego apareció el liquiliqui, el festivo traje blanco caribeño, «lo que supuso que García Márquez llegara a la ceremonia arrugado como un acordeón».

Lagunas de memoria

Superó un cáncer de pulmón y un linfoma en la década de los 90. También comenzó a perder la memoria. Estaba muy preocupado, pero valientemente abordó la escritura del primer tomo de su autobiografía. «El libro contiene su vida pública y su vida falsa, inventada, pero apenas aparecen aspectos de su vida secreta», comenta Martin, que en 2005 visitó a García Márquez en Ciudad de México. Se habían agravado las lagunas de memoria. «Con los apuntes adecuados era capaz de recordar la mayoría de las cosas del pasado distante. En cambio, su memoria a corto plazo era frágil. Y esto lo angustiaba.» Hablaron durante un rato. Luego, en un tono casi lastimero, García Márquez le dijo: «Ya he escrito bastante, ¿no? La gente no puede sentirse defraudada, no me pueden pedir más, ¿no crees?».